"LA TORRE DEL AMOR", RACHILDE
“Huele a mujer ahogada el mar. Veo lamentables figuras pegarse contra el vidrio de mi ventana. Damas blancas, llorando bajo sus cabellos negros, me hacen señas para que las siga, sus ojos muertos llenos de agua verde. Quisiera poder tirarlas al agua, deshacerme de su carne para siempre, jamás volver a encontrarlas en mi camino.”
Marguerite Eymery, alias Rachilde, escritora francesa, con un pie en el siglo XIX y otro en el XX (1860-1953), tuvo en su madre y padre el caldo de cultivo del que luego fermentó su escritura, referente del decadentismo y gótico: su madre sufría de depresión, practicaba el espiritismo y terminó sus días en una institución psiquiátrica. Su padre la educó como el varón que hubiera deseado por lo que Rachilde sabía montar, manejar armas y se presentaba a sí misma un “hombre de letras”. La novela se publica en 1899.
Un joven marino se embarca para asistir al guardián del faro de Ar-Men, un viejo marino que vive allí hace más de veinte años. El faro está enclavado en unas rocas que se asoman en el medio del océano, sin tierra alrededor. El faro de Ar-Men (existe y tardaron 12 años en construirlo) se erige como un obelisco gigante y abismal que resiste olas inmensas y ráfagas de viento interminables. Este faro es el castillo, la casa embrujada icónica del gótico, y todo lo que lo habita está trastocado, poseído y enloquecido.
Tanto el viejo guardián como el joven marino tienen nombres con una carga especial. El anciano, Mathurin Barnabas tiene nombre bíblico y el joven, Jean el Maleux (significa desgracia, infortunio) presagia un destino oscuro y complejo.
En esta novela los cuerpos son violentados por fuerzas naturales (barcos que naufragan frente al faro) y que emergen días después para convertirse en el botín de los guardianes del faro. Los restos de los naufragios se vuelven objetos fetiche para Barnabas, obsesionado con una mujer ahogada. Rachilde trata la sexualidad y la violencia contra las mujeres en el trato como objetos manipulables, al servicio de los varones y como víctimas de ahogos y encierros.
Pero, además, los cuerpos tanto de Barnabas como luego el de Jean son descriptos como animales (brazos como pinzas de cangrejos, caminar en cuatro patas) y con mentes posesas, ajenas al tiempo y a cualquier ley social.
En “La torre del amor”, el mar tiene entidad de personaje, es ingobernable, que nunca se detiene, decide quién vive y quién no, y se alimenta del viento para crecer y tragarse barcos a la deriva y desequilibrar las mentes de aquellos que lo desafíen.
Me gusta que llegue a nuestras manos mujeres que no tuvieron visibilidad en su época y, aparte, la traducción es de Diego Muzzio. Amén!
“Ahora tendría un mono, un perro o una mujer”
“Aquella noche hacia tal escándalo el viento que te daban ganas de morir. Gritos de gaviotas, gritos de mujeres, gritos de brujas, gritos del diablo, todo se mezclaba.” Ver en IG

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