RESEÑA “BOCETOS DE NATACIÓN”, LEANNE SHAPTON
“Entonces –pienso borrosamente a las cuatro de la mañana, con la cara estrujada contra la almohada- eso de ser especial consiste en ser común y corriente pero con aprobación y rigor.” (p.235)
Leanne Shapton es escritora, artista y editorial canadiense (pero vive en Nueva York). Es editora de arte en el New York Review of Books y en 2012 recibió un premio por “Bocetos de natación”.
Leanne es todo eso ahora pero, en su adolescencia, fue nadadora, de clasificatorias nacionales y casi de los Juegos Olímpicos de 1992.
Empezó a nadar, según cuenta, porque su hermano mayor, Derek, empezó a nadar y lo siguió. De a poco, la natación se fue convirtiendo en muchas otras cosas más que un entretenimiento: fue disciplina, rigor, sacrificios, dolores, satisfacciones, obsesiones y, sobre todo, un modo de pensar y de vivir. Todo pasaba por el filtro de la natación.
El libro se estructura desde un presente en 2010, cuando Shapton decide volver a competir muchos años después de haber dejado la natación, y la adolescencia, entre 1987 y 1992, su época de entrenamientos, clasificatorias y medallas.
Shapton enumera los interminables ciclos de entrenamiento hasta las carreras: levantarse a las 4am, desayunos energéticos y, a la vez, severamente controlados (obsesiones serias con los alimentos, cantidades, tipos de comidas, control estricto del peso), la batalla mente- cuerpo por vencer el frío de los primeros 100 metros y la mente acallando dolores, arrepentimientos, y la constante dicotomía “voy a dejar de nadar” vs. “la próxima bajo el tiempo a 1:11:00”. Cronos engullendo todo, voraz.
El libro recorre esta etapa de la vida de Shapton pero también una etapa de la natación, más cerca de los cuarenta años, en la que empieza a vislumbrar la natación como disfrute (algo que entiende al lado de su marido, James):
“Viéndolo saltar entre las olas comprendo que, para él, la vida no consiste en una serie de rigores y privaciones. La vida es disfrutable, lo importante no es cómo ganar sino cómo florecer; tanto en sentido literal como metafórico.” (p. 148)
Los días de cronómetros son reemplazados por el dibujo, la pintura y la literatura. Shapton migra su libido acuática hacia la representación de las sensaciones de esos días de piletas en paletas de colores, en manchas que traen recuerdos de olores a lo “magdalena de Proust” (el cloro, las mallas, los vestuarios, la comida).
“Bocetos de natación” da cuenta de lo que implica ser una deportista de alto rendimiento y de la soledad que porta esta condición. Nadie más puede entender ese nivel de sacrificio de élite; nadie puede nadar por vos. En el borde de la placa, esperando que suene la alarma de largada, todo enmudece alrededor y solo queda la respiración contenida, los pensamientos y el frío del primer splash.
“Viéndolo saltar entre las olas comprendo que, para él, la vida no consiste en una serie de rigores y privaciones. La vida es disfrutable, lo importante no es cómo ganar sino cómo florecer; tanto en sentido literal como metafórico.” (p. 148)
Los días de cronómetros son reemplazados por el dibujo, la pintura y la literatura. Shapton migra su libido acuática hacia la representación de las sensaciones de esos días de piletas en paletas de colores, en manchas que traen recuerdos de olores a lo “magdalena de Proust” (el cloro, las mallas, los vestuarios, la comida).
“Bocetos de natación” da cuenta de lo que implica ser una deportista de alto rendimiento y de la soledad que porta esta condición. Nadie más puede entender ese nivel de sacrificio de élite; nadie puede nadar por vos. En el borde de la placa, esperando que suene la alarma de largada, todo enmudece alrededor y solo queda la respiración contenida, los pensamientos y el frío del primer splash.

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