"CADA UNO POR SU LADO Y DIOS CONTRA TODOS", WERNER HERZOG
“SIEMPRE FUI UN EXTRAÑO”
“Hay demasiadas tormentas desatadas en mi interior.”
“Experimenté un asombro inexplicable. Estaba seguro de que lo sabía todo aquí y ahora. Y también supe que, después de una noche como esa, difícilmente me resultaría posible envejecer.”
“Hay una serie de motivos recurrentes en mi cine que casi siempre se basan en experiencias directas de lo real. Normalmente las películas no son para pensamientos abstractos.”
Herzog es el hombre de las mil caras y las mil vidas. Y en esas experiencias vitales está la esencia y el material de su cine. Las memorias compiladas en este libro muestran a un hombre curioso y un observador inagotable, dispuesto a todo. Se reconoce un hombre “evolucionado” porque siempre se sintió impulsado a aprovechar al máximo cada oportunidad formativa (pudo ingresar a una de las escuelas más rigurosas de Alemania y luego en el cine). Y, además, porque es consciente de que su infancia fue “salvaje” (se crió casi solo junto a su hermano Till en Sachrang, un pueblo mínimo de montaña en la frontera con Austria, donde la naturaleza fue su guía. Los días transcurrían trepando árboles, escalando montañas y aguantando el hambre que solo se calmaba cuando su madre conseguía algo en el mercado negro austríaco), y que las distintas etapas de formación académica y de viajes por los lugares más feroces, de algún modo, lo conformaron en la persona que es hoy y lo acercaron al cine.
Herzog vuelve una y otra vez al hambre y la ausencia de recursos posteriores a la Segunda Guerra que dejaron marcas profundas en él y le enseñaron forzadamente austeridad, resiliencia y la capacidad de hacer mucho con nada: “En aquel piso aprendí para siempre a arreeglármelas con el mínimo espacio”; “Me cuesta tirar la comida. Tengo la heladera siempre controlada y bien gestionada. No concibo que se tire el alimento.” Con las mismas prácticas fue abriéndose paso como cineasta.
De su abuelo arqueólogo, quien hizo hallazgos muy relevantes en su disciplina, obtuvo el primer acercamiento a su veta documentalista (focalizada entre fines de los 90 y 2010). Lo emociona ver las huellas del hombre en una cueva milenaria hasta volcanes en erupción (“The fire within”) o la experiencia de un hombre que vivió más de 10 veranos con osos (“Grizzly man”). La Naturaleza es su medio, su protectora y se siente parte de ella.
En ese viaje inagotable por el mundo, para filmar documentales, conoce al Dalai Lama, a Gorbachov y a varias tribus que viven aisladas del mundo. Y fue doble de riesgo cuando era joven porque la adrenalina es motor en su vida y porque su infancia había sido una especie de entrenamiento feroz. Y fue brevemente actor, desde un villano en “Jack Reacher”, un cameo en “Mandalorian”, hasta el científico Walter Hottenhoffer en “Los Simpson”.
Herzog fue productor y escenógrafo de varias óperas en distintos teatros europeos. La música aparece como un elemento central en su vida y en sus películas, y sostiene que nunca es un fondo que acompaña la imagen sino que “transforma las imágenes en visiones elementales.” Su intención es crear la sensación de una epifanía en el espectador.
Estas son las memorias de un hombre que tiene la energía de diez, que tuvo cuatro parejas y varios hijxs, que buscó la manera de sortear cada obstáculo a fuerza de golpes (tuvo muchos accidentes), de una gran capacidad de convencimiento ante cada plan disparatado (que lograba llevar a cabo) y de aprender a vincularse con los mejores en sus disciplinas.
Herzog nació en medio de la Segunda Guerra y aprendió a “leer” el mundo que lo rodea mejor que muchos. Y esta lectura abierta y una disposición a la sorpresa le permitió jugar con las ideas de verdad y de ficción: “Yo siempre veo la verdad como una actividad, una búsqueda, un intento de aproximación, no como una estrella fija en el horizonte.” VER EN IG

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