"CAMBIAR: MÉTODO", ÉDOUARD LOUIS



“La palabra gay me parecía tan ajena, violenta, casi grotesca por su sonoridad y sencillez, era imposible que abarcara toda la complejidad de lo que había sentido desde que nací, el deseo, el miedo, la esperanza, la vergüenza, el secreto, me hacía daño y a la vez me fascinaba”

 

“Mi cuerpo era el elemento de mi persona más difícil de controlar, al que no podía obligar a mentir, la materialización concreta de mi pasado, de mi pasado hecho carne, sangre, huesos.”

 

En una librería mexicana descubrí este libro, tercer título que leo de este autor (antes, “Para acabar con Eddy Bellegueule” y “Quién mató a mi padre”), proveniente de una familia muy pobre de Hallencourt, un pueblo fabril en el norte de Francia, de la que logró escapar (literal), primero a través de una beca en una escuela en Amiens y luego estudios universitarios en París.

 

Los tres libros son autobiográficos y vuelven, una y otra vez, sobre la infancia del autor, especialmente sobre el bullying que sufrió en la escuela y en su familia por considerarlo “afeminado” desde que tiene memoria, y una fijación particular por el vínculo con su padre. Los libros están escritos en un tono confesional, como una especie de cartas al padre, en las que intenta explicarle (y explicarse) los motivos de la huida planificada por años, y que fue posible gracias a la educación, y a la vez la culpa de haber abandonado cierta predestinación generacional (su abuelo, padre y hermano trabajaron en la misma fábrica).

 

El título de este libro anuncia un programa trazado obsesivamente con el objetivo de moldear y controlar cuerpo y personalidad para borrar cualquier huella de ese pueblo analfabeto, polvoriento y alimentado a base de horas de televisión y comida grasosa.

 

La educación es la puerta para el ascenso social (se repite cuando da el examen de ingreso “si entro, estoy salvado”), para conocer amigos e imitar a la perfección modos de comer, vestirse y hablar (la lucha bestial porque el acento “pobre” del norte sea indetectable). Pero, también, esa huida a Amiens y a Paris es la posibilidad de una sexualidad, de conocer el propio cuerpo a partir del contacto con otros hombres y asumir completamente el deseo reprimido.

 

Estudia sociología en la “École Normale Supérieure” (donde estudiaron Foucault, Derrida, Sartre) y en una conferencia conoce a Didier Eribon, filosofo e historiador, del que se hace amigo  (en realidad le quiere “copiar” la vida) y que lo ayuda a trazar un camino riguroso de estudios.

 

Louis recuerda esa historia pasada, de manera obsesiva, en un movimiento doble y contrapuesto: como memoria y registro del origen y como recordatorio para no volver nunca a ese lugar, el lugar del padre.

 

Louis se metamorfosea para huir del Insulto (en el libro aparece siempre en mayúsculas), de ese agravio sistemático que en él funciona como motor para construir un mundo sin tantos disfraces.

 

“Cuando alguien me llamaba marica, yo me repetía el insulto durante horas, como si el otro hubiera transplantado el Insulto a mi interior.”  VER EN IG 


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