"CHICAS BAILARINAS", MARGARET ATWOOD



Llegué a Atwood, hace muchos años, por “El cuento de la criada” y “Alias Grace”, ambas adaptadas a formato serie. Ganó, entre muchos otros, el Premio Booker , el Premio Princesa de Asturias y la beca Guggenheim.

 

Esta colección de 14 cuentos se publicaron en 1985, el mismo año de publicación de “El cuento de la criada” (“The handmade’s Tale”). En estos relatos podemos encontrar todos los temas que le importan a Arwood y que va a profundizar en su obra más adelante como la salud mental y las enfermedades graves, la violencia de género, el mundo laboral, la maternidad y la inmigración. Y, además, hay un tema más grande que subyace relativo al lenguaje y a la escritura y lo explicita en el relato “Dar a luz”: “en el lenguaje siempre afloran estas cuestiones, esas reflexiones; por eso es tan rico y glutinoso, por eso muchos han desaparecido bajo su oscura y brillante superficie, por eso no deberías nunca intentar ver el él tu reflejo”.

 

El lenguaje es la herramienta para dar voz y, a la vez, para desarmar prejuicios, presupuestos y concepciones enquistadas. Atwood escribe para cuestionar estados anestesiados en las personas.

 

En general, las protagonistas son mujeres y Atwood arma contextos simples, del cotidiano, en las que estas mujeres viven un momento de quiebre, de toma de decisión respecto de sus vidas: se separarán de sus parejas?, elegirán la maternidad?, cómo lidiarán con una mente resquebrajada?.

 

Algunas de estas narradoras (los relatos están, en su mayoría en primera persona) son periodistas, escritoras y viven el dilema de seguir con sus carreras o romper con eso para empezar de cero. Atwood muestra el hartazgo de la vida plana, sin altibajos, sin ambiciones y las impulsa a enfrentarse a preguntas vitales.

 

En “Cuando sucede” y “El resplandeciente Quetzal” está en primer plano la fantasía de las mujeres de que su pareja se muera, desaparezca, como si fuera una huida, un modo de liberación, y como si no pudieran hacer el movimiento de alejarse, separarse. Mujeres que fingen para no cambiar o para sobrevivir.

“Sarah especulaba acerca de cómo habría hecho aquel viaje si Edward hubiese muerto oportunamente. No es que le deseara la muerte, pero Edward era omnipresente, impregnaba toda su vida como una especie de olor.”

 

En “Betty” y “Chicas bailarinas” Atwood trata de manera explícita la violencia de género: los golpes, el miedo a ser violentadas o violadas: “Las solteras tienen miedo de caminar solas por las calles. Yo lo tengo. No sabes que han asesinado a una chica a tres cuadras de aquí?”

 

Atwood plantea narraciones de transformación y huida. Las mujeres de sus cuentos están en distintos estados de desesperación, sin control sobre sus vidas y sus cuerpos, y fantasean (porque muchas veces no pueden llevarlo a cabo) con la posibilidad de liberarse y de armar una suerte de mundo propio.

 

“Su inteligencia lo fascinaba. Era tan asombroso como horrible ver a esa mente debatirse en su encierro. Puede que fuese una genia, quién podía saberlo? No podía salir, estaba atada a la silla, prisionera en su jaula de correas, atada a su cuerpo” (de “Aprendizaje”, un acompañante que observa a su paciente catatónica en un centro de rehabilitación). VER EN IG 


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