RESEÑA “DESPOJOS”, RACHEL CUSK



”Los rastrojos son los tallos de la mies que quedan en la tierra después de la siega, despojos sobre los que se siembra la nueva cosecha.” (p.17)

Ya deja bien claro, Cusk, de que va “Despojos” en los paratextos de este libro: tanto en los “agradecimientos” como en el epígrafe.
En los agradecimientos dice: “La idea de los rastrojos, que es el tema fundamental de este libro.” Y en el epígrafe nos encontramos con unas líneas de “la Orestíada” de Esquilo que sentencia: “…que debemos sufrir y aprender la verdad con sufrimiento. No podemos dormir: gota a gota destila el corazón el dolor del dolor olvidado”.

“Despojos” es la novela de Cusk que relata su separación después de más de diez años en pareja y con dos hijas adolescentes. Se podría colar algún prejuicio que anticipe que la novela habla de quejas, resentimientos y malos augurios para el ex marido. Pues no.

Este evento la deja como esos rastrojos que menciona, en ese grado cero que, en lugar de hundirla, facilitan la construcción de nuevos cimientos para esta nueva etapa de la vida. Y, a la vez, funciona como el trasfondo, casi una excusa, para linkear esto con todos los temas que le interesan a la autora: la tragedia griega, el feminismo, la psicología y las tensiones entre relato y verdad (“El relato tiene que obedecer a la verdad para representarla…Para mí la dificultad de la vida ha consistido en el intento de reconciliar estas dos cosas…En semanas deshicimos el propio relato).

Cusk problematiza los vínculos y los roles que asume cada uno en la escena familiar. Revisa el vínculo con su madre, el rol de su madre como ama de casa y su propia bronca por querer despegarse de esos lugares asignados por default y, muchas veces, no lograr ese objetivo. La culpa por no saber/querer jugar el rol de “Buena madre”, suplicando aire, “otras voces, otros ámbitos” (diría Capote) en un intento por desanudar esa vida anterior tan automatizada, calendarizada al segundo. Y ahora, qué hace parada en ese nuevo lugar y sin brújula?.

“En ese mundo de feminidad en el que tenía derecho a reclamar mi ciudadanía, yo era una extranjera.” (p.25)
“Esta secta, la maternidad, no era un ambiente en el que yo pudiera vivir.” (p.31)

Cusk no se detiene, escarba en las raíces de la Historia. Va a Esquilo y a Sófocles, a Clitemnestra, a Antígona y Edipo, personajes que matan y se inmolan porque es el destino marcado por los dioses, porque nadie escapa a los vaticinios y porque entienden que es el sacrificio que les corresponde.
E invita a la fiesta a Freud, porque nada alcanza.
“Freud veía en la formación de la personalidad individual una analogía de la historia de la humanidad: me gusta esa manera de entender la vida, como una representación en miniatura de la civilización. Según esta teoría, los griegos clásicos equivalen a lase tapas formativas de la infancia, cuando la psique configure y adopta su character irrevocable.”

Freud y la tragedia griega condensan la teoría de esos cimientos sobre los que Cusk vuelve a levantarse, entendiendo que sí hay nuevos modos de seguir y espacios de los que apropiarse; que no hay un oráculo que la llevará indefectiblemente a la ruina y que ella ya no es ni rastrojos ni despojos.  
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