RESEÑA "DIARIOS", JOHN CHEEVER
“Solitario, con la soledad agravada por los viajes, los cuartos de hotel, las presentaciones de libros y la superficialidad de las recepciones, me enamoré de M.* en un cuarto de hotel de sordidez inusual”.” (p.431)
*M es Max Zimmer, un profesor a quien Cheever conoció en la Utah University y fue su amante desde 1977 hasta su muerte en 1982.
“Soy gay, soy gay, por fin me he liberado. Duró poco tiempo.” (p.433)
Es muy difícil condensar acá la lluvia torrencial que fue la vida de John Cheever. Su editor en The New Yorker, Robert Gottlieb, sintetizó en estas 500 páginas las 4.300 iniciales, reunidas en 28 vólumenes, que en 1990 se vendieron a la Bibioteca de Harvard. Los cuadernos no guardaban una estricta cronología, por lo que fue un trabajo inmenso intentar dar algún orden a estas palabras desesperadas de Cheever sobre los tres temas que atravesaron su vida completamente: la escritura, su alcoholismo y su homosexualidad reprimida.
Estos temas son los pilares de los “Diarios” y están conectados entre sí. Su padre y su hermano Fred (con quien se insinúa un vínculo incestuoso y de abuso) eran alcohólicos, por lo que entendió que su destino seguiría los mismos pasos pero, además, el alcohol se convirtió en el único motor posible para escribir sus mejores relatos y novelas, que luego ganaron premios como el National Book Award o el Pulitzer por sus “Cuentos completos” y adaptaciones a la tv y al cine (“El nadador”) y reconocimientos en todas las universidades del mundo.
John Cheever conformó una familia con Mary (tuvieron tres hijxs), tuvo una formación y crianza católicas y tuvo el reconocimiento de escritores amigos y rivales como Sam Below, John Updike, Philip Roth, Salinger, Norman Mailer, entre muchos más. Pero toda esta vida de supuesto “éxito” siempre estuvo a contramano de lo que él llamaba “sus demonios e impulsos sexuales” en referencia al alcoholismo, la hipocondría y su atracción por los hombres.
Cheever fue un hombre atormentado que vivió bajo la tensión de estar con un pie en la vida “ordenada” que mostraba al mundo y otro pie en su deseo genuino por sus distintos amantes, por la dificultad de conectar con la escritura sin estar borracho las 24 horas y por la indiferencia y violencia del vínculo con su esposa.
En los “Diarios”, Cheever deja ver su “labo B” (solo accedió a que se publicaran post mortem): por un lado, con sus “Cuentos” y novelas “Bullet Park”, “El escándalo de los Wapshot”, “Oh, esto es el Paraiso!” y “Falconer” se convirtió en uno de los escritores más relevantes de la literatura norteamericana del siglo XX y, por otro, siempre desconfió de este lugar en la literatura y de la maestría con la que logró capturar la belleza y la caída de cualquier mortal.
Lean estos “Diarios” pero sobre todo, lean a este escritor inmenso en cualquier momento, lugar o circunstancia porque en sus relatos siempre está hablando de nosotros. VER EN IG

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