RESEÑA "DOSCIENTOS CANGUROS", DIEGO MUZZIO
“Bajé, dormí, y ahi me quede los siguientes veinte años, ahí estuve hasta hace poco, cuando por fin decidi dejar las islas”
“Si en el Evangelio no existían las tortugas, yo debía inventarlas”
Este libro de relatos lleva por título uno de los cuentos de la colección. Son relatos extensos, casi nouvelles, como suele hacer Muzzio. Extenderse, desarrollar una estructura, un clima, un agujero negro que nos atrae inevitablemente para que caigamos, como Alicia, en esos otros mundos donde se suspende la certeza y todo es vertiginoso y, por momentos, sin sentido.
Y esto es lo que más me gusta de los relatos de Muzzio: que definen una atmósfera, una situación aparentemente con cierta lógica, que en algún momento se desborda. Introduce un elemento que disloca la narración y nos desestabiliza. Como en una suerte de epifanía, una pista de aterrizaje es invadida por conejos; un caballo en llamas atraviesa una calle de pueblo, un relato sobre ajedrez, de la nada, es atravesado por la tortura más siniestra de la dictadura.
En estos siete relatos los humanos se muestran descarnados, especuladores (se sienten con volumen, 3D) y los animales son víctimas pero, a su vez, es aquello que viene a interrumpir el curso de lo establecido. Los animales iluminan lo extraordinario.
Entre estos cuentos hay pequeñas situaciones, sutiles, que conectan los relatos como un río subterráneo. Los conejos reaparecen en otros dos cuentos, envenenamientos que se producen en espejo en dos relatos, un ex soldado de Malvinas que es ajedrecista como Víctor en “Los discípulos de Buda”.
El debate entre ciencia y fe en “El cielo de las tortugas” se construye en un relato coral conformado por familiares, médicos y un cura que asisten a Ana, una niña deshauciada que se obsesiona con la pregunta de por qué no hay tortugas en la Biblia y lee compulsivamente “Alicia en el país de las maravillas”. Cada voz es una creencia, una respuesta posible, y un modo de sostenerse ante algo tan desolador.
Muzzio produce un efecto hipnótico, desde “Las esferas invisibles”a “El ojo de Goliat”, porque crea universos en los que podemos reconocernos y confluye allí también lo que más tememos, pero nos entregamos dóciles a esos ejes desenfocados. A Muzzio le creo todo.
Un paratexto, al inicio, en francés, sintetiza muy bien esto que atraviesa su escritura: “pero sí, sin dejarse encantar, tu ojo sabe sumergirse en el abismo, léeme, para aprender a amarme.” VER EN IG

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