RESEÑA "EL AFRICANO”, J.M.G. LE CLÉZIO
“Lo que causó un shock no fue África, sino el descubrimiento de ese padre desconocido, ajeno, posiblemente peligroso. De inmediato su autoridad planteó un problema” (p.54)
“Los días de Ogoja se convirtieron en mi tesoro. Recordaba el estallido de la tierra roja, el sol que agrietaba los caminos, la carrera descalzo por la sabana, las noches ruidosas, el torpor que seguía a la fiebre, el alba. Todo ese calor, ese ardor, ese estremecimiento.” (p.26)
Le Clézio trabaja en esta novela dos fuerzas en tensión: por un lado, sus años de infancia en Ogoja, Nigeria, y el descubrimiento de un mundo otro, de expansión y disfrute pleno, imposible de definir desde su experiencia previa en Marsella, europea, elitista y blanca. Y, por otro, la dificultad de entender (querer?) a un padre al que casi no ha visto y teme.
El padre del autor fue médico y dedicó su vida entera a la práctica de la profesión en lugares desahuciados, sin recursos y extremos en muchos sentidos (naturales, políticos y sociales). Antes de que Le Clézio y su hermano nazcan, su padre trabajará en la Guyana francesa y luego se instalará en África por veintidós años. Su padre es “el africano”.
África es un mundo nuevo para el autor pero también se constituye como un lugar de salvación frente al nazismo en la Segunda Guerra. La madre de Le Clézio es de familia judía y ya no hay dónde esconderse. El padre logra llevarlos a Nigeria y allí empieza una nueva etapa.
África se configura para el autor como un espacio de expansión y descubrimiento del cuerpo en contacto con los animales, la tierra seca, los ríos, los árboles, los rituales y los sentidos multiplicados (colores, calores y olores). La convivencia de la medicina tradicional y los gurúes como prácticas complementarias.
Pero, en esa tensión que mencionaba al inicio, esa tierra sin límites va a estar marcada por la severidad del padre, su mutismo y austeridad extrema. África expande, su padre comprime. En otro sentido, la novela une a África y al padre en un común denominador: ambos son tierra desconocida y sin claves para aprehenderlas.

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