"EL CIELO PROTECTOR", PAUL BOWLES
Llegué a Bowles recién ahora, después de años de querer leerlo y postergarlo. Llegué, también, gracias a laturinesa (librería de usados que hace envíos a todo el país), que me mandó esta novela increíble (miren su tienda online que tiene joyitas).
“Se cruzaron con grupos de hombres montados en dromedarios, los ojos pintados con khol. Por primera vez, Kit, sintió una leve excitación: es bastante extraordinario cruzarse con gente así en plena era atómica.”
“Siento que esta ciudad, este río, este cielo me pertenecen a mí tanto como a ellos.”
Paul Bowles es un mundo inmenso en sí mismo. Fue músico desde los 6 años y llegó a musicalizar obras para García Lorca y Tennesse Williams. Siguió en contacto con la música toda la vida, más allá de la escritura. Este neoyorkino, en una experiencia radical de extranjería, se instala en Tánger en el ’47 con su pareja, la escritora Jean Auer, y nunca más se va de allí. Tánger, en la posguerra, fue el epicentro cultural de escritores como Burroughs (escribió allí “El almuerzo desnudo”), Capote, Cocteau, Djuna Barnes, Kerouac, Ginsberg. Fue un lugar que se convirtió en un espacio seguro para vivir la homosexualidad reprimida, para algunos, en sus países de origen y el uso de drogas recreativas.
En un viaje en los años ‘30 conoce a Borges, Bioy y a Mallea (de ahí mi sorpresa de una frase de Mallea en el primer epígrafe de la novela).
“El cielo protector” es la novela más icónica de Bowles (en los noventa fue filmada por Bertolucci), es literatura que narra la posguerra y pone en el centro algunos temas como: el hartazgo posterior y la necesidad de huir de Estados Unidos y Europa; el lugar que ocupa el arte (nuevos modos de producción y circulación con muchos artistas exiliadxs) y, cómo se empieza a desarmar esa mirada europeizante y de élite frente a la imponente e indescifrable Africa y el mundo árabe.
Una pareja, Kit y Porter, y un amigo, Tunner, se proponen viajar por distintas ciudades del Sáhara, sin rumbo prefijado. Marruecos es el punto inicial, ciudad cosmopolita, muy asimilada a los usos y costumbres occidentales, no supone un desafío para los tres. El deseo es flotante y ambiguo en este triángulo que no para de flirtear.
Las voces narrativas fluctúan entre estos tres personajes que se intercalan para confesar sus deseos o frustraciones. Esos monólogos y las descripciones son los portadores de la información vital en esta novela.
El autor delínea a estas tres personas, ricas, perdidas en sus vidas, sin objetivos más que esconderse en el desierto para huir de miradas familiares y prejuicios. Kit, la mujer, es el personaje que logra hacer un gran movimiento, ese “viaje interno” de transformación, y aprende a moverse en el mundo sin perfumes ni maquillaje ni hombres que le hagan sombra.
Bowles sumerge a sus personajes en un derrotero caprichoso donde, gradualmente, las ciudades se convierten en pueblos, luego en aldeas y, finalmente, el desierto que borra todos los matices y enloquece a los que lo desafían. El desierto no ofrece guarida y se traga al que no sabe navegarlo. La lengua árabe se vuelve predominante lo que dificulta la comunicación y las leyes se invierten. No hay moneda de cambio en un mar de arena.
“Afuera, reinaba el desorden africano, pero por primera vez sin señal de influencia europea, de modo que el espectáculo tenía una pureza que había faltado en las otras ciudades.”
“El cielo protector” denuncia el racismo de Occidente a Oriente ante la certeza de la pérdida lenta de poder sobre los países africanos y la incapacidad de crear nuevos contratos que no provengan de la explotación. Bowles es descarnado y narra un mundo transfigurado, de violencia, soledad y locura, y sin un cielo al cual mirar buscando alguna respuesta.
“Solo vio el cielo tenue tendido encima para protegerlo. Lentamente se abriría la grieta y el cielo retrocedería. Su grito era una cosa separada en el desierto. No terminaba nunca.” VER EN IG

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