RESEÑA “EL INTERIOR AFUERA”, MARÍA LOBO



“Con todo, es posible que una parte de las historias sea cierta. Como en cualquier historia, se cuenta siempre aquello que se puede contar. Lo que vemos, lo que está en la superficie.”

LLegué a esta novela por recomendaciones de amigxs que sabían de mi objetivo de leer #librosdenatacion o con nadadores y, resulta, que en esta novela sus protagonistas nadan.

Pero, en “El interior afuera”, la natación es un punto desde el que se abren múltiples capas de lectura, desde las profundidades (el interior) hacia la superficie (afuera). Lo explicita la primera línea de la novela, como en el Génesis: “En el principio, la pileta”.

Lxs nadadorxs en cuestión son Pali (Paula) y Marcelo. Pali es hija de Rina, viuda, y Marcelo es hijo de Chelo, viudo también. Rina y Chelo se mudan juntos a una casa en el cerro, alejada de la vida más agitada de San Miguel de Tucumán, y así se establece una nueva vida familiar.

La novela recorre las vidas de Pali y Marcelo desde que son niños hasta la adultez. Aparecen referencias que funcionan como mojones que anclan la trama a la historia del país: la dictadura, la crisis del 2001, la tragedia de Cromañón.

San Miguel, con sus cerros, sus valles y la pileta, es el microclima, ese interior, en el que van y vienen Pali y Marcelo, conectándose de a poco, descubriendo quiénes son cuando están juntos.

“San Miguel era la tierra donde todo provenía de afuera; cualquier afuera era la absoluta extranjería.”

La novela se demora y rastrea las sensaciones que produce la natación: los rituales de preparación; el tem(bl)or previo en invierno y el alivio en verano; desear y soñar la natación; practicar mentalmente, en la cama, cada patada y brazada; la respiración, la anulación de los sonidos debajo del agua y esa sensación de aislamiento y de suspensión del pensamiento momentáneo.

“Nadar es su refugio. Su ritual más esperado, aquella ceremonia que celebra inicialmente en el vestuario de mujeres para quitarse la ropa, la vergüenza y las ideas de la mente.”

Pali y Marcelo son dos solitarixs, “dos peces” (como dice la novela) que saben perfectamente fluir en el interior (de la pileta), en las profundidades y que se vuelven torpes, lentos, extraños cuando se exponen al afuera.

“Salir del agua a la gravedad o al aire o atravesar con sus cuerpos el ambiente es un acto de violencia impuesto.”

María Lobo crea mundos ocultos que quedan, a la larga, expuestos. Consigue que lo más profundo e inconfesable de sus personajes emerja a la superficie sin retorno. Logra correr el eje gravitatorio de Buenos Aires para llevarlo a los cerros y valles de Tucumán. Ese interior que ahora es afuera.  
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