RESEÑA “EL OJO DE GOLIAT”, DIEGO MUZZIO





“Las consecuencias derivadas de un largo período de exposición al terror son impredescibles. Uno olvida. Olvida quién es y olvida por qué está allí. Olvida a los otros. Olvida material indispensable. Olvida su propia alma” (p.111)

Muzzio logró aterrorizarme una vez más. Ya lo había hecho con las tres nouvelles compendiadas bajo “Las esferas invisibles” y aquí cava aún más hondo en el horror. Horror psíquico y físico. Es esa larga exposición a todo tipo de violencias y horrores, que menciona la cita más arriba, la que va difuminando los bordes que delimitan lo real de lo ilusorio.

“El ojo de Goliat” navega por aguas sinuosas y oscuras. La historia cuenta que un psiquiatra, el Dr. Pierce, ex combatiente de la Primera Guerra, instala un hospital psiquiátrico, el “Bartholomew Sanatorium”, que no es muy luminoso (en la entrada ostenta un cuadro que muestra a los fraudulentos del octavo círculo del infierno Dantesco). Por sus pabellones y jardines se pasean otros ex soldados con distintas afecciones: “el antropófago”, “el clérigo” (porque le habla el angel Abadón) y “el resucitado” (porque no lo tocó una sola bala en la guerra).

A este sanatorio llega el señor Stevenson (primo del renombrado escritor y director de la Northern Lighthouse) aduciendo que su ahijado, el ingeniero David Bradley, enloqueció en su estadía en el faro “del infierno”: “El ojo de Goliat”. Bradley es ingresado en el sanatorio en estado catatónico y el Dr Pierce intenta desentrañar qué hechos quebraron su psiquis a partir de la lectura de un diario que Bradley llevó como bitácora en su estadía en el fin del mundo.

Bradley se convierte en el objeto de estudio de Pierce y en su proyecto de publicación de un caso tratado con hipnosis.

La novela se complejiza, despliega el horror con un efecto de multiplicación como espejos que simulan un infinito. Tiende líneas al pasado, en ese faro inhóspito, donde alguna vez vivió el recluso Evans, enviado desde la prisión en Ushuaia, y donde luego fue enviado Bradley.

Historia de asedios y persecusiones. Un personaje intenta rastrear el origen de la locura del otro: Bradley viaja en busca de las huellas de Evans. A su vez, Pierce indaga en los resquicios de la mente de Bradley. El circuito de psiquiatras renombrados de la época subestiman las prácticas de hipnosis de Pierce por obsoletas y lo etiquetan como otro “loco” más.


“El ojo de Goliat” desnuda el terror que horada el débil equilibrio y “lo siniestro” descripto por Freud se vuelve vano, insuficiente, para describir el horror en las trincheras, el horror en el faro más recóndito del planeta y el horror en un lugar en el que no hay escapatoria: nuestra propia mente.  VER EN IG


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