"FALTAS", CECILIA GENTILI
“Todo ese dolor me hizo fuerte, pero ¿quién quiere ser fuerte? Yo quería ser feliz.”
“Tengo la sensación de haber vivido la vida de una adulta durante mucho tiempo, desde muy joven.”
“Mi madre tenía ciertas obsesiones. Ojalá se hubiera obsesionado con cuidarme.”
La naturalización del miedo, de la ausencia de todo, y del dolor es un modo de habitar el mundo. En esos estados desquiciados de terror y orfandad Cecilia Gentili atravesó toda su infancia y adolescencia hasta que pudo sumar coraje y asco para huir de Gálvez, el pueblo en Santa Fe donde habia nacido, y migrar primero a Brasil y luego a Estados Unidos, donde falleció en febrero de este año, repentinamente.
La primera vez que supe de ella fue a través del libro “Vaquera invertida” de la escritora trans australiana McKenzie Wark, amiga de Cecilia, quien escribió un conmovedor epílogo para cerrar este libro.
“Faltas” es un libro de cartas que se disparan, como cerbatanas envenenadas, a aquellas personas (en su mayoría muertas al momento de la escritura) que marcaron la infancia de Cecilia: desde el asedio y el bullying de compañeros, maestros y vecinos y también desde la empatía de amigxs y una de sus abuelas que entendían que esa niña estaba atrapada en un cuerpo que no reconocía como propio. Y, centralmente, la relación desaforada con su madre.
Cada carta es un grito que funciona como antídoto ante el silencio de lxs otrxs. Cecilia escribe a modo de descargo, revancha y de dar voz a tanto callado por ella y por sus abusador3s. Desde un presente afianzado en el activismo trans y en la ayuda a aquellxs que están transicionando, pero con plena conciencia del daño recibido, Cecilia repasa los momentos más oscuros: su niñez pobre (y la conciencia de clase), con un padre ausente, una madre ludópata y manipuladora, y aquellos que la usaron como una cosa descartable.
Cecilia entiende que debe armar un personaje “desafectivizadx” para transitar tanto odio, abuso y violencia (ser “auténtica”, como dice, es un lujo que podrá darse 30 años después) y que la construcción de ese blindaje implica la suspensión de una ética sobre varios de los actos que comete para poder simplemente existir.
Con dolor describe una dicotomía: por un lado, la mirada excesiva de lxs otrxs (el más mínimo gesto es cuestionado) y, por otro, la ausencia de mirada de su madre y su familia más cercana que la esconde como si fuera un fenómeno.
“Faltas” deja entrever el recorrido tortuoso y solitario que sufren muchas personas trans desde la infancia (de incomodidad propia y el rechazo ajeno) a una adultez que les presenta otros desafíos: cómo habitar un mundo que no lxs considera personas y, por tanto, no les da acceso a un trabajo, salud ni seguridad, derechos irrefutables que simplemente les permitan ser.
McKenzie Wark destaca en el epílogo que el cambio de signo ante tanta violencia es crear espacios de resiliciencia: “Esta historia trata de la ayuda mutua” y es un “análisis de las condiciones que operan contra la solidaridad.”
“Faltas” es parte de la colección “Efectos colaterales” de CajaNegra que tiene títulos increíbles. VER EN IG

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