"FESTÍN DE SANGRE", MALIKA MOUSTADRAF
Traductor: Youssef Bouhkriss (marroquí que hoy vive en Santa Fe, Argentina)
“Irás al infierno, pequeño bastardo, sucio, ahí estará lleno de mujeres y maricones como tú.”
“Lo primero que hizo fue darme una bofetada. El gato muere el primer día, -dijo él, y a partir de ahí supe que yo era el gato y había que domesticarme.” (de “Mujer enamorada, mujer derrotada”)
Es la primera vez que leo literatura marroquí. La autora nació en Casablanca y fue feminista y activista (murió en 2006). Los catorce relatos compilados en “Festín de sangre” narran la vergüenza, degradación y asfixia que sufren las mujeres marroquíes en general, las prostitutas y homosexuales en una cultura férreamente conservadora, marcada al ritmo de los varones y las reglas religiosas: “habló largo y tendido sobre halal y haram, es decir, sobre lo permitido y prohibido en la religión musulmana, sobre Dios y el fuego del infierno” (en “Ilusión”)
La mayoría de los relatos tiene como protagonistas a mujeres en distintas situaciones de tensión respecto de su presente y su futuro, por lo general, relacionado con quién se van a casar y tener alguna especie de “lugar” en el mundo. Estas mujeres transgreden, de manera oculta y silenciosa, estas ataduras rompiendo los cánones de la virginidad a ultranza, la elección de amantes, la ayuda entre hermanas para estudiar o casarse y así poder huir a países “libres” de los mandatos a los que viven sometidas.
La vigilancia de los padres es policíaca, monitorean sus vidas al extremo de encerrarlas en sus habitaciones y culparlas de estar poseídas por djinns (demonios) ante cualquier desvío o gesto de rebeldía: “me informó que estoy poseída por un djinn negro quien fue la causa de todo lo que me había pasado”. Cualquier acción contraria a las reglas son adjudicadas a demonios y posesiones, nunca son tomadas como una reacción posible de las mujeres.
La degradación que vivieron las madres se reproducen en las hijas a las que preparan y visten como muñecas para ser entregadas a varones que no conocen, los rituales pasan de generación en generación sin cuestionamientos. El silencio esconde autolesiones, trastornos de conducta alimentaria y depresión.
Pero, por otro lado, la autora devela otra vertiente que ocurre debajo de toda esta represión y es el Deseo (lo escribe así con mayúsculas) que está dirigido a la sexualidad abierta con un hombre al que eligen o aman, o a un trabajo o profesión que anhelan y, además, por dejar de reproducir estos gestos de opresión: “escuchar esto encendió algo dentro suyo, hambre de todo tipo de cosas. Sintió cómo esa bestia del Deseo despertaba y dejaba escapar un aullido voraz y cruel.”
“Festín de sangre” nos acerca la experiencia de mujeres marroquíes y esto se juega en un doble movimiento: cercano en cuanto a violencias que las mujeres y diversidades viven a nivel global y lejano, a la vez, para mujeres no musulmanas (que no se rigen por el dogma de esa religión). Seres agredidos y vulnerados en su potencial intelectual, en su intimidad sexual y en la idea de, simplemente, existir. VER EN IG

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