"HISTORIA NATURAL", MARINA YUSZCZUK



“Mi tío, años atrás, salía a cazar a los indios que interrumpían en sus tierras para robar ganado, y en ocasiones usaba estricnina para deshacerse de ellos con más facilidad. Sus peones le traían un par de orejas indígenas hasta que en los alrededores empezaron a verse indios vivos a los que les faltaban las orejas. Por eso el veneno: no había posibilidad de error.”

 

“A los visitantes les gustará verlos. Un museo con indios vivos..se imagina?”

 

Que la narradora sea una niña de doce años hace más efectivo el espanto, el horror de esta novela. Virginia Moreno es la hija del Perito Francisco Moreno, ese por el que nombraron al glaciar en la Patagonia y que fue, además, coleccionista y director del Museo de Ciencias Naturales en la ciudad de La Plata, en ese entonces un páramo.

 

Porque esa mirada ajena y extrañada de todo lo que se desenvuelve de a poco ante sus ojos, a cuentagotas, es una de las atrocidades más crueles que se cometieron, como parte de un plan de exterminio para conquistar el territorio (nunca desierto) y como parte del proyecto para fundar una nación, especialmente de la mano del general Roca.

 

A fines del siglo XIX La Plata era un pastizal yermo y, alejado de Buenos Aires, un espacio expuesto aún a la posibilidad de malones de tehuelches y otras poblaciones originarias. Para Virginia Moreno su padre es un referente, un hombre que vive aventuras en lugares hostiles y ella quiere ese futuro para sí misma, quiere ser investigadora, quiere un destino diferente del que vivió su madre y del que vivirán sus primas, de casamientos arreglados y bocas cerradas.

 

Su mirada es observadora, y atenta, envidia a sus hermanos varones que podrán viajar, estudiar, ser un clon de su padre. El museo funciona para Virginia como una pequeña réplica del afuera, un espacio reducido donde se ordena, se organiza y se clasifica el material recolectado, así como se intenta hacer con el proyecto de país. ¿Quiénes quedarán incluidos y quiénes no?

 

Y es en ese escenario de crecimiento y progreso es que Francisco Moreno, que ignora a su hija mujer completamente, decide traer al museo una comunidad tehuelche para ser exhibida (y explotada) en el museo. Un sector al que la narradora no tiene acceso es donde se utilizan los cuerpos de personas como experimentos, como objetos de un taxidermista. Y como mano de obra esclava al servicio de ese mismo horror.

 

“Historia natural” contextualiza muy bien un momento crucial del surgimiento de nuestro país en el que el valor de la vida era nulo, donde la naturalización de la violencia, la crueldad y la explotación de los cuerpos está extendida y es viable aun para una niña de doce años. Nadie puede frenar ese proyecto y unas gotas de estricnina pueden servir para apurar la agonía de un perro o de un tehuelche.

 

“Se aproximaron al bergantín de la marina británica unas canoas con indios, deseosos de intercambiar pescados. Los ingleses les entregaron cuentas y botones. Comprendiste o no comprendiste que te llevaban a cambio de un botón? Te llamarías Jemmy Button.”  VER EN IG 

 

 


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