RESEÑA “LA BRASA EN LA MANO”, OSCAR HERMES VILLORDO
No había leído a este autor chaqueño (1928-1994) hasta ahora. “La brasa en la mano” junto a “El ahijado” y “La otra mejilla” conforman una trilogía a la que tenemos acceso gracias a caballonegroeditor (en julio se lanzará el tercer título).
“Caminé hacia la plaza. A esa hora, la estatua parecía humeante, trepada del incendio de luciérnagas que saltaban ágiles. (…) Era la hora de la reunión, porque había cesado la vigilancia. El mingitorio de la rotonda seguía abierto y allí vigilaban las luciérnagas más audaces, cuyas luces eclipsaban los foquitos de las puertas y desaparecían iluminando al que llegaba, guiándolo en la oscuridad. En el revoloteo reinaba Beto, la luciérnaga madre.”
“La brasa en la mano” tiene una escritura torrencial, excesiva, que no se detiene nunca (ni división en capítulos) y nos deja sin respiro hasta el punto final.
Pajarito es el protagonista de esta novela con tintes de melodrama y un aire a Puig.
Este libro pone el foco en el under gay y trans en la Buenos Aires de los años 50, un mundo completamente oculto y siempre alerta a los ataques de la policía.
Pajarito está enamorado de Miguel y esto es un drama. Porque es complejo, porque hay desencuentros, malentendidos y sufrimiento.
Pero también está Esteban, un chico que recibe regalos y dinero de Pajarito a cambio de algunas noches juntos.
Las “luciérnagas”, estxs amigxs, en su mayoría artistas, que deambulan por las calles del centro, que brillan y se encienden en la oscuridad de los bares, en los bancos de las plazas, en los baños públicos del subte, son un grupo febril que se reúne bajo la tutela de Beto y Babá (batones floreados, abanicos y guirnaldas multicolor).
Una gran “familia” se congrega alrededor de la mesa, cada noche, y circulan las rivalidades y los chismes de Adolfo, Laurito, “El muchacho que hacía cinenovelas”, “El Príncipe de los Lirios” (sic), Escobar, Asunta, “La viuda del Coronel”, Myriam/ Sherazade (con la historia más triste del mundo) y Áglae, el loro-mascota de este grupo.
La novela narra detenidamente los celos, la ansiedad exasperante por un próximo encuentro con el amado; la homofobia y transfobia de la sociedad; y también las diferencias de clase, muy marcadas, entre los chicos “de buena familia, estudiantes y adinerados” y los conscriptos, los obreros de la construcción, los marineros y camioneros con los que este grupo intercambia sexo, alcohol y alguna que otra comida.
“La brasa en la mano” es, justamente, esa euforia que quema, el intento por sobrevivir a lo más triste y oscuro y, a la vez, es narrar en el intento de armar alguna especie de recuerdo de lo vivido.
“La brasa en la mano” es, justamente, esa euforia que quema, el intento por sobrevivir a lo más triste y oscuro y, a la vez, es narrar en el intento de armar alguna especie de recuerdo de lo vivido.

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