RESEÑA "LA HABITACIÓN DE GIOVANNI", JAMES BALDWIN
“Pero esa mañana tuve la impresión de que mi antiguo yo había estado soñando el sueño más peligroso de todos.” (p.183)
Ya en el párrafo inicial de la novela, Baldwin describe de manera condensada el perfil de David, protagonista de esta historia, narrada en primera persona. Un hombre rubio, norteamericano promedio (“tengo una de esas caras que viste muchas veces”), descendiente de aquellos europeos que emigraron hace siglos y construyeron una nación (“mis antepasados conquistaron un continente”). Detrás de esa frase podemos intuir el sarcasmo de Baldwin cuya obra se ocupó de desarmar la idea del “sueño americano”, sumado a la lucha contra los cánones heteronormativos y el racismo.
David viaja a Francia junto a su prometida, Hella, con la idea futura de casarse y establecerse en París. Pero, dos años después, con Hella de viaje, este plan seguro y en apariencia lógico se desmorona cuando David conoce a Giovanni, un inmigrante del sur de Italia, que trabaja como barista en un club gay.
Cuando se conocen, David es un bon vivant quebrado, que vivió estos años del dinero que le enviaba su padre, y que ahora intenta suplir con los favores de su grupo de amigos, Jacques (antiguo amante) y Guillaume, dueño del bar.
Paris aparece como el espacio de libertad de exploración para David (lejos de la vida reglada de Estados Unidos), de expansión de las emociones y los sentidos, pero también de la evasión y la ambivalencia.
David vive pero reniega de sus deseos, se arrepiente, disfruta y luego se asquea de sí mismo. En varios pasajes de la novela se hace referencia a un “no hacerse cargo” de la profundidad del vínculo con Giovanni pero tampoco con sus amistades y Hella.
La novela juega esta ambivalencia que se debate entre ese amor que lo atraviesa y lo que cree que espera el mundo de él (ser heterosexual y solvente). David es una persona cuando está con Giovanni y otra cuando cruza esa habitación que comparten. Esa habitación es una suerte de frontera que funciona como refugio del mundo que condena su homosexualidad y, a la vez, es agobio, un aire denso que le demanda hacerse cargo de sus deseos (los cuerpos tienen un lugar central en la novela).
“La habitación de Giovanni” relata esa convivencia entre un mundo de máscaras y apariencias, de frivolidades y noches eternas, y el deseo más genuino y profundo que es puesto en cuestión aún a riesgo de perder la posibilidad de sentir, alguna vez, algo.

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