RESEÑA "LA MÁS RECÓNDITA MEMORIA DE LOS HOMBRES”, MOHAMED MBOUGAR SARR (PREMIO GONCOURT 2021)
“La literatura es un féretro sospechoso, negro y brillante, pero es posible que no tenga dentro ningún cadáver.” (p.433)
“Lo que buscamos no puede ser nunca la verdad como revelación, sino la verdad como posibilidad. Lo que persigo yo es la intensidad de un sueño, el fuego de una ilusión, la pasión de lo posible.” (p.410)
“Elimane era aquello en lo que no deberíamos convertirnos y en lo que nos convertimos lentamente.” (p.409)
El título de la reseña no es aleatorio. El epígrafe de la novela de Mbougar Sarr recupera un texto de “Los detectives salvajes” de Roberto Bolaño y el título de la novela proviene de una frase de ese texto. Hay un homenaje claro a la obra de Bolaño.
Diégane Latyr Faye es el protagonista de esta novela, escritor senegalés que se instala en París por una beca de escritura. En la búsqueda de material de estudio para su proyecto sobre autores africanos, va detrás de una novela perdida que, con el tiempo, se convirtió en una especie de mito: “El laberinto de lo inhumano” de T.C. Elimane, también conocido como “El Rambaud negro”.
La publicación de esa novela, en 1938, trae consigo un escándalo al ser acusada de plagio por los diarios y revistas literarias del momento. En consecuencia, la editorial cierra y Elimane desaparece sin dejar rastro. Ochenta años después, Diégane inicia un viaje alucinante en el intento de dar con ese libro y con el autor.
La novela se estructura como un caleidoscopio, se descompone en múltiples voces e historias que van muy lejos atrás en el tiempo y vuelven en otras, se hilvanan y trazan un viaje sin brújula, desde París, de la mano de Diégane y sus amigxs, a Senegal, Haití y Argentina. Sí, Buenos Aires es ciudad protagonista en este libro con la presencia de Gombrowicz, Sábato y el grupo de revista Sur en las primeras décadas del siglo XX. El capítulo por Buenos Aires es muy hermoso.
Esta novela habla eminentemente de la Literatura, así, con mayúscula: cómo continuar escribiendo luego de un libro aparentemente “total”, qué decir cuando ya no se puede nombrar (con teoría Wittgenstein incluida: si no se puede decir/nombrar, entonces mejor callar); quién puede escribir y quién no; cómo circulan las obras; cuáles son esos impulsos irrefrenables que lleva a alguien a vivir en busca de un autor; quiénes tejen la red de “la literatura africana”.Mbougar Sarr leyó a Bolaño, claramente, y a otros tantos autores latinoamericanos y a partir de allí creó una ficción que reflexiona sobre la escritura, sobre su propia experiencia como autor (de Senegal a París) y sobre un canon literario africano al cual el mundo no mira.

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