"MAGNETIZADO", CARLOS BUSQUED
“No veo una persona, no veo una cara. Veo dos ojos que me están mirando. Me paralicé del cagazo, hasta que pasan unos momentos y entendí lo que pasaba: era el espejo retrovisor. Eran mis ojos, era mi cara reflejada. No me reconocí. Mis ojos, mi mirada.”
“pero se lo habían encapsulado para que no se le escape lo mutante. Sin esa funda, lo mutante se le iba al resto del cuerpo y se convertía en mutante del todo.”
A partir de más de noventa horas de grabaciones de entrevistas que Busqued tuvo con Roberto Melogno (imposible no pensar, mientras leía, en Capote en “A sangre fría” o Carrère en “El adversario”) y distintas personas que se sumaron al caso, el autor intenta dar cuenta de los cuatro homicidios a taxistas que Melogno cometió en septiembre de 1982. En ese momento tenía veinte años. Nunca los premeditó. Salía a la calle y decía una voz en su mente “Es este”.
Lo que me gusta de esta novela es que el relato es distanciado, directo, limpio y sin juicios ni valoraciones. Busqued relata lo que escucha y, como un médium, lo transmite, nos pasa información.
La novela trabaja sobre el relato de Melogno de cada uno de los asesinatos, todos ejecutados de la misma manera, de ahí la idea de asesinatos múltiples. Y también trabaja sobre otros dos temas, que me interesaron mucho más, que tienen que ver con el sistema carcelario y sus reglas internas, propias, y el sistema de salud mental que, con sus investigaciones y diagnósticos (recibe más de diez diagnósticos distintos) “arman” una historia para dejarlo morir en el sistema.
“-Yo tengo una historia. Esa historia tiene muchos vacíos, que fueron llenados por forenses, psiquiatras, médicos. Yo acepté ese relleno de los demás. Y esas cosas llegaron a hacerse carne de realidad. Reconstruyo mis hechos a través de las palabras de otros.”
Melogno tuvo una infancia nefasta, aterrado por las sistemáticas golpizas de su madre, lo que apura la huida de su casa a deambular por la calle, durmiendo en bancos de plazas, y caminando sin rumbo por la ciudad.
A Melogno le dictan cadena perpetua y ahí empieza un derrotero siniestro de traslados de una cárcel a otra, intercalados con 24 años muy oscuros en la unidad 20 del Hospital Psiquiátrico Borda (luego desactivada por la alta tasa de mortalidad de de los pacientes). En 2015 cumple su condena pero sigue detenido porque el juzgado considera que como enfermo mental es un “peligro potencial” (un status que Melogno asegura que la justicia inauguró con su caso). Así, ha pasado todos los estados mentales y físicos posibles e imposibles para una persona.
Melogno resume todo en una sensación de “limbo”. Su mente dividida, lanzada a un universo alterno donde hay un refugio de lo insostenible de la realidad. En este universo recrea ejércitos, batallas, un mundo en el que está completamente solo, lo único que quiere, que lo dejen solo.
Busqued indaga sobre las motivaciones de los cuatro asesinatos. Y no la encuentra. Se entrevista con psiquiatras que le hicieron diagnósticos a Melogno y ninguno, jamás, pudo determinar el por qué de esas muertes. Busqued no hace hipótesis, no intenta buscar causas ni “rellenar” la historia del acusado. Nunca sabrá qué lo llevó a matar. Melogno tampoco. VER EN IG

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