"NOSOTROS EL MONTE", CLAUDIA CHAMUDIS



“Y cuantos más bautizados tiene el cacique, mejores los premios y los tratos de los padres blancos.”

 

“En el tiempo de antes nosotros hablábamos con nuestros hermanos en su misma lengua y podíamos cambiar de piel y ser hombre, mujer, zorro, mono o tucán, según necesitáramos volar o reptar.”

 

Desde el título se inscribe una pertenencia total a la tierra, una esencia ancestral, y una unión indivisible entre los seres vivos y los elementos. La novela transcurre a mediados del siglo XVIII, y se inicia en el cotidiano de una comunidad mocoví (moqoit). Iyatäé es la hija del gran cacique Caalac y reconocida en la comunidad por su sensibilidad respecto de todo lo que la rodea (el agua, el viento, los pájaros, las plantas) y pericia en la pesca y caza. Su destreza es valorada por la comunidad, a pesar de ser mujer. Iyatäé ha sufrido una pérdida y debe dejar atrás a un ser amado porque son una comunidad nómade y el cacique decide iniciar un recorrido para establecerse en otro lugar.

 

Un grupo explorador de la comunidad se encuentra con un grupo de padres jesuitas y es allí donde se produce la disrupción en la novela, de aquello que los define, de los rituales que los representan y los protegen. En ese impulso colonizador y evangelizador los jesuitas “convencen” a los mocovíes de instalarse en la reducción con ellos.

 

Las diferencias abismales entre estas dos culturas aparecen marcadas en los gestos, en los ritos de unos y otros, pero sobre todo en el lenguaje y en esa marca recurrente del “nosotros” que encabeza, al final de cada capítulo, una oración que es manifiesto, que se repite como recordatorio de quiénes son y de dónde vienen: “Somos muchos, tantos que no se nos puede contar ni reunir, ni encerrar entre paredes porque somos también el barro y la madera que nos quisiera contener. Somos fuertes e invencibles. NO es una única palabra la que nos evoca, porque fuimos y somos y seremos tantas veces y en tan distintas formas que no hay lengua que alcance a nombrarnos.”

 

Hay gestos de asimilación por parte de algunos mocovíes que ven una oportunidad de terminar con el nomadismo y el hambre y obtener algunos beneficios a costa de su propia explotación como fuerza de trabajo esclava. Llegan a aceptar un cambio de sus nombres de origen por unos cristianos y acallar sus dioses por otro colgado en una cruz. Iyatäé jamás acepta esto. Ella lleva la rebelión a cuestas y lo expresa en actos claros de resistencia manifiesta o a escondidas.

 

“Nosotros el monte” es una novela que trae al presente las voces de quienes fueron acallados y sometidos. Es un objeto de memoria de comunidades que son el origen de nuestra nación y el registro de esos actos de resistencia que denotan la fortaleza de los pueblos que son uno con los elementos que los rodea.

 

“Dolores, dicen que se llama ahora. Un nombre de sufrimiento, que no se parece en nada al que la identifica desde que nació: Iyatäé es la estrella central de las tres viejas, la que indica el comienzo del verano y el tiempo de los nuevos verdes.”   VER EN IG 



 

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