RESEÑA “OTRAS CRÓNICAS MARCIANAS”, RAY BRADBURY
“Dentro de cuarenta o sesenta años me llamarán mis propias transcripciones.”Los diez relatos que integran este volumen fueron agregados, de a poco, a través de sucesivas reimpresiones de “Crónicas marcianas”, desde su primera publicación en 1950.
Así como en los relatos iniciales, en estos también podemos rastrear una situación de guerra nuclear en la Tierra que arrasó con el planeta y con la mayoría de los humanos. Esto obligó a los sobrevivientes a emprender el larguísimo viaje en busca de una nueva vida en Marte. Pero este planeta no es el vergel que fue la Tierra. Marte es árido, arenoso, de valles secos, polvorientos, inmutables. Expulsivo.
Los nuevos pobladores que se van sumando a las comunidades ya establecidas tienen algo más que un jetlag. Sus vidas cambian para siempre. Marte es la salvación, pero a un precio imposible. La belleza de las dos lunas, subiendo en el atardecer marciano, no alcanzan para borrar la vida añorada en la Tierra.
Varios temas se entrecruzan en estos relatos: qué implicancias tiene colonizar un planeta? Cómo se nombra todo desde cero? (Bradbury hace una crítica a la ambición colonizadora norteamericana que pretende bautizar los espacios reproduciendo todos los nombres usados en la Tierra: ex presidentes, héroes nacionales) “El ser humano se rige por el símbolo y la etiqueta, y confirió los nombres” (p.76)
La ambivalencia asoma desde lo más íntimo de cada terrestre. Es posible la asimilación o será el eterno desarraigo? Algo de esto aparece en “Piel morena y ojos dorados” donde una familia recién llegada comienza a ver transmutaciones en sus cuerpos a partir de lo que tocan o ingieren. El idioma materno que se va perdiendo hasta diluirse en el nuevo dialecto marciano. El lenguaje y la enciclopedia son reemplazados por gestos, señas y gorgoteos.
En “Yo, Marte” Bradbury recorre el tema del doble a través del tiempo, con un perspnaje que se dejará grabaciones y mensajes a través de los siglos para tenderse una trampa a sí mismo.
La vida en Marte que imaginó Bradbury en 1950 (y que sueña ahora Elon Musk) es la excusa perfecta para distanciar la mirada de nosotros mismos y poner en jaque varios de los paradigmas establecidos e incuestionables (sobre todo, después de las dos guerras mundiales del siglo XX). Un mundo que se desintegra, con bombas nucleares y desastres naturales que hacen pensar en una huida y en una vida posible. VER EN IG
La vida en Marte que imaginó Bradbury en 1950 (y que sueña ahora Elon Musk) es la excusa perfecta para distanciar la mirada de nosotros mismos y poner en jaque varios de los paradigmas establecidos e incuestionables (sobre todo, después de las dos guerras mundiales del siglo XX). Un mundo que se desintegra, con bombas nucleares y desastres naturales que hacen pensar en una huida y en una vida posible. VER EN IG

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