"OTRO PAÍS", JAMES BALDWIN
“Qué terrores eran esos? Estaban enterrados bajo el lenguaje imposible de una época vivida ocultamente. En la medida en que eran inexpresables, esos terrores eran poderosos, porque vivían en la oscuridad eran obscenas sus formas.”
Llegué a Baldwin a través de Aimé, a “La habitación de Giovanni”. Entre los usados de la última FLU encontré “Otro país”.
En estas 500 páginas, Baldwin despliega una maqueta increíble de la ciudad de Nueva York, a finales de los 50’s, y hace funcionar un engranaje perfecto en el que sus personajes encarnan los temas centrales de su vida: el tema racial y de género (fue activista por los derechos civiles y anticoloniales y, es por eso que, luego decidió irse a vivir a Paris porque sostenía que en Estados Unidos terminaría muerto “por negro o por homosexual”, en la época del McCarthismo).
Nueva York aparece como una ciudad amada y odiada a la vez porque es donde creció (Harlem) pero también es donde fue perseguido, discriminado y finalmente expulsado.
“Quienquiera que en Nueva York trataba de ejercer el derecho de renovarse vivía desterrado de la ciudad, desterrado de la vida que lo rodeaba y esto ejercía el efecto de perder la sensación de sí mismo.”
La novela pasa la voz narrativa de un personaje a otro, hay partes en primer y partes en tercera persona, y así se arma un coro de voces, blancas y negras (así es la división tajante en este libro) que intentan construir un futuro en la música y en la escritura.
Ruffo Scott es el primer narrador que deambula como un flaneur desencajado por la madrugada de Nueva York, en un invierno helado, y entendemos pronto que vive en la calle pero que su vida no fue siempre así.
Su grupo de amigos y su hermana, Ida, lo buscan desesperados y en esa búsqueda accedemos a lo más íntimo de cada uno y su vínculo con Ruffo (que es negro y bisexual, rasgos por los que es discriminado y lo que provoca un deterioro en su salud mental). Pero también esa búsqueda arma una ruta por bares, cines y sótanos en los que se toca blues y jazz en Harlem, el East Village y Broadway.
En la novela Baldwin planta referencias literarias, musicales y cinematográficas que definen una época y un tiempo de gloria y horror en Estados Unidos. Las canciones de Bessie Smith recorren la novela, “Love me or leave me” con Doris Day y James Cagney en cine, Capote, Faulkner, Dostoiesvski y la lista sigue.
La sexualidad es fluida en esta novela y cada personaje va descubriendo su deseo en su vínculo con otras personas, sin prejuicios, pero a escondidas del mundo, lejos de los ojos de los vecinos y la policía.
Y la interracialidad en las parejas es desde donde Baldwin plantea la discusión sobre la discriminación racial. Ida, la hemana de Ruffo, es cantante, es la que tiene la “voz” para decir y la que marca las diferencias entre ella y Vivaldo, su pareja blanca.
“Odia usted a los blancos, Ida?
Si, a veces los odio y desearía verlos muertos a todos. Pero otras veces no. Usted odiaría a todos los blancos si lo tuvieran encarcelada aquí?
Quédese aquí y verá cómo le impiden desarrollarse, lo matan de hambre y lo obligan a ver cómo su familia y amigos enloquecen o arruinan ante sus ojos. Y esto durante generaciones. Algunos días desearía convertirme en un gran puño y reducir a polvo a este miserable país”.
“Otro país” nos muestra el lado oscuro del “sueño americano” que se propone luminoso y tierra de oportunidades. Baldwin muestra el lado B y denuncia los tratos más crueles, las vidas reducidas a su mínima expresión en las que, algunas veces, solo queda el exilio como salvación.
Los “Diarios” de Cheever y esta novela son mis libros preferidos de este año, hasta ahora.

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