RESEÑA "PROLETERKA", FLEUR JAEGGY
“Los ojos se han vuelto más oscuros. Los ojos vigilantes.”
“Es por tu bien. Una frase venenosa. Habría que protegerse cuando se es presa del bien. Prisioneros del bien. El bien del pueblo. Frases propias del régimen. Salgo de la casa con una maleta. Me entregan a otros. Por mi bien.”
Peter Orner es un buen escritor y lector (al que le hago caso) y llegué por él a esta autora. Jaeggy es suiza pero se mudó a Milán apenas se graduó. Trabajó en la editorial Adelphi en la que conoció a su pareja de vida, Roberto Calasso, y decidió que su escritura iba a ser enteramente en italiano. Es traductora de Schwob y De Quincey también.
“Proleterka” es el nombre de un barco eslavo que parte de Venecia, con una comitiva de alemanes que conforman una Hermandad (uno puede intuir que es una especie de logia), con rumbo a distintos puntos de Grecia, en un supuesto viaje de placer. Este viaje se cierra, como un círculo perfecto, en Venecia también.
Johannes es el padre en esta historia y la hija la voz narradora (al menos una de ellas). Una hija sin nombre, con una madre italiana que no está, y una identidad difusa.
El estilo de Jaeggy es áspero, cortante. Las frases son punzantes. Por acumulación podemos armar un rompecabezas provisorio e improbable. No hay texturas, no hay rasgos diferenciadores pero hay ojos. En esta novela casi no hay diálogos, no hay palabra pero hay miradas. Es posible distinguir a la abuela Orsola, a la secretaria Gerda o al amante marinero por los colores del iris, la intensidad de las emociones se miden por un pestañeo.
“Ojos claros y fríos, innaturales. Como una fábula infantil del hielo. Ojos invernales.”
La alternancia desquiciada de voces en primera y tercera funcionan como una especie de zoom que se acerca y se aleja apenas de una frase a otra. La hija se acerca para ver algo del mundo pero es fóbica y huye.
“La hija de Johannes no reza. No doy las gracias al Señor por los alimentos.”
El barco se convierte en una burbuja, una habitación sin ventanas, asfixiante. Las personas que viajan, igual que el Proleterka, parecen fantasmas. “El Proleterka parece no tener destino. Navega en el vacío y en las tinieblas” (pensé en Conrad acá).
“Proleterka” es lo primero que leo de Jaeggy y me gusta. Es una novela melancólica, de expresiones mínimas (como en las películas de Kaurismaki) y, a la vez, algo pertubadora. Agradezco que no sea pretenciosa, su lenguaje austero y esta dislocación de voces.
Me recomendaron unos relatos de ella “El último de la estirpe”. VER EN IG

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