"RICARDO PIGLIA A LA INTEMPERIE", MAURO LIBERTELLA
Colección Vidas ajenas. Edición de Leila Guerriero
Ed: universidad Diego Portales
“Piglia es el más borgeano de los que se salieron de Borges. Piglia se sale desde adentro. Piglia lo que hace es entrar a donde hay algo estabilizado, desarticula y con esas mismas piezas arma otra cosa. Montaba una máquina que contenía esos conflictos y los volvía productivos.” Martín Kohan
Libertella habla con Sergio Waisman, traductor de Piglia al inglés, y le pregunta:
-¿Cuánto se metía él en las traducciones?
-No se metía. De hecho, una de las primeras cosas que me dijo al respecto es que él era escritor y yo el traductor. “No soy Puig”, me dijo”
“Siempre he leído los libros al revés. Leer al revés es encontrar a Borges en Arlt y a Arlt en Borges. Es acercarse al ensayo como ficción y a la ficción como ensayo. Es afirmar, que la vanguardia era Saer, Puig y Walsh.”
Piglia tuvo mil facetas en su vida: escritor, profesor, crítico literario, periodista, pero la que mejor define su esencia es la de lector. Piglia fue uno de los que mejor leyó a sus contemporáneos y, gracias a su carrera en Historia, se la pasó armando series de autores, campos de sentido, programas de lectura, linajes (diría Borges). Eso, de hecho, aparece en varios libros de ensayos (varios de ellos compilaciones de sus clases en Princeton) pero especialmente en “Tres vanguardias” en las que establece, como dice la cita más arriba, que las nuevas narrativas en Argentina se construyen en la tríada Saer, Puig, Walsh (lean ese libro, es una locura!)
Difícil tarea para Libertella condensar en 230 páginas todas estas aristas de la vida de un hombre que vivió mil vidas. El libro está organizado en capítulos que se concentran en una etapa o tema específico: los primeros años de vida en Adrogué y las consecutivas mudanzas a Mar del Plata, La Plata, Buenos Aires y Princeton. Su entrada en el mundo literario y las revistas en las que escribió (“Punto de Vista” y “Los libros”); sus filiaciones políticas; su vínculo con Sarlo y Altamirano y su distanciamiento por diferencias políticas; sus amores (la crítica literaria Josefina Ludmer, Beba Eguía); la escritura de “Respiración artificial” que sale publicada en plena dictadura (igual que “Nadie nada nunca” de Saer); el escándalo y el juicio por el Premio Planeta que gana con “Plata quemada”; sus años en Estados Unidos, donde logra una trascendencia que traspasa todas las fronteras y, a la vez, es donde se siente un completo extraño (pasaba un semestre en Princeton y el otro se volvía a Buenos Aires).
El libro despliega un archivo inagotable que toma forma en sus Diarios (ordenados por Piglia en sus últimos años de vida), en sus libros de ensayos, en sus novelas y relatos. Se pone en marcha esa “máquina productiva” de la que habla Kohan en la cita. Un cerebro inquieto que está siempre tejiendo redes, armando “generaciones” de autores y buscando una nueva narrativa, moderna, heredera del siglo XX, que encuentre su propio camino. Colección Vidas ajenas. Edición de Leila Guerriero
Ed: universidad diego portales
“Piglia es el más borgeano de los que se salieron de Borges. Piglia se sale desde adentro. Piglia lo que hace es entrar a donde hay algo estabilizado, desarticula y con esas mismas piezas arma otra cosa. Montaba una máquina que contenía esos conflictos y los volvía productivos.” Martín Kohan
Libertella habla con Sergio Waisman, traductor de Piglia al inglés, y le pregunta:
-¿Cuánto se metía él en las traducciones?
-No se metía. De hecho, una de las primeras cosas que me dijo al respecto es que él era escritor y yo el traductor. “No soy Puig”, me dijo”
“Siempre he leído los libros al revés. Leer al revés es encontrar a Borges en Arlt y a Arlt en Borges. Es acercarse al ensayo como ficción y a la ficción como ensayo. Es afirmar, que la vanguardia era Saer, Puig y Walsh.”
Piglia tuvo mil facetas en su vida: escritor, profesor, crítico literario, periodista, pero la que mejor define su esencia es la de lector. Piglia fue uno de los que mejor leyó a sus contemporáneos y, gracias a su carrera en Historia, se la pasó armando series de autores, campos de sentido, programas de lectura, linajes (diría Borges). Eso, de hecho, aparece en varios libros de ensayos (varios de ellos compilaciones de sus clases en Princeton) pero especialmente en “Tres vanguardias” en las que establece, como dice la cita más arriba, que las nuevas narrativas en Argentina se construyen en la tríada Saer, Puig, Walsh (lean ese libro, es una locura!)
Difícil tarea para Libertella condensar en 230 páginas todas estas aristas de la vida de un hombre que vivió mil vidas. El libro está organizado en capítulos que se concentran en una etapa o tema específico: los primeros años de vida en Adrogué y las consecutivas mudanzas a Mar del Plata, La Plata, Buenos Aires y Princeton. Su entrada en el mundo literario y las revistas en las que escribió (“Punto de Vista” y “Los libros”); sus filiaciones políticas; su vínculo con Sarlo y Altamirano y su distanciamiento por diferencias políticas; sus amores (la crítica literaria Josefina Ludmer, Beba Eguía); la escritura de “Respiración artificial” que sale publicada en plena dictadura (igual que “Nadie nada nunca” de Saer); el escándalo y el juicio por el Premio Planeta que gana con “Plata quemada”; sus años en Estados Unidos, donde logra una trascendencia que traspasa todas las fronteras y, a la vez, es donde se siente un completo extraño (pasaba un semestre en Princeton y el otro se volvía a Buenos Aires).
El libro despliega un archivo inagotable que toma forma en sus Diarios (ordenados por Piglia en sus últimos años de vida), en sus libros de ensayos, en sus novelas y relatos. Se pone en marcha esa “máquina productiva” de la que habla Kohan en la cita. Un cerebro inquieto que está siempre tejiendo redes, armando “generaciones” de autores y buscando una nueva narrativa, moderna, heredera del siglo XX, que encuentre su propio camino. Colección Vidas ajenas. Edición de Leila Guerriero
Ed: universidad diego portales
“Piglia es el más borgeano de los que se salieron de Borges. Piglia se sale desde adentro. Piglia lo que hace es entrar a donde hay algo estabilizado, desarticula y con esas mismas piezas arma otra cosa. Montaba una máquina que contenía esos conflictos y los volvía productivos.” Martín Kohan
Libertella habla con Sergio Waisman, traductor de Piglia al inglés, y le pregunta:
-¿Cuánto se metía él en las traducciones?
-No se metía. De hecho, una de las primeras cosas que me dijo al respecto es que él era escritor y yo el traductor. “No soy Puig”, me dijo”
“Siempre he leído los libros al revés. Leer al revés es encontrar a Borges en Arlt y a Arlt en Borges. Es acercarse al ensayo como ficción y a la ficción como ensayo. Es afirmar, que la vanguardia era Saer, Puig y Walsh.”
Piglia tuvo mil facetas en su vida: escritor, profesor, crítico literario, periodista, pero la que mejor define su esencia es la de lector. Piglia fue uno de los que mejor leyó a sus contemporáneos y, gracias a su carrera en Historia, se la pasó armando series de autores, campos de sentido, programas de lectura, linajes (diría Borges). Eso, de hecho, aparece en varios libros de ensayos (varios de ellos compilaciones de sus clases en Princeton) pero especialmente en “Tres vanguardias” en las que establece, como dice la cita más arriba, que las nuevas narrativas en Argentina se construyen en la tríada Saer, Puig, Walsh (lean ese libro, es una locura!)
Difícil tarea para Libertella condensar en 230 páginas todas estas aristas de la vida de un hombre que vivió mil vidas. El libro está organizado en capítulos que se concentran en una etapa o tema específico: los primeros años de vida en Adrogué y las consecutivas mudanzas a Mar del Plata, La Plata, Buenos Aires y Princeton. Su entrada en el mundo literario y las revistas en las que escribió (“Punto de Vista” y “Los libros”); sus filiaciones políticas; su vínculo con Sarlo y Altamirano y su distanciamiento por diferencias políticas; sus amores (la crítica literaria Josefina Ludmer, Beba Eguía); la escritura de “Respiración artificial” que sale publicada en plena dictadura (igual que “Nadie nada nunca” de Saer); el escándalo y el juicio por el Premio Planeta que gana con “Plata quemada”; sus años en Estados Unidos, donde logra una trascendencia que traspasa todas las fronteras y, a la vez, es donde se siente un completo extraño (pasaba un semestre en Princeton y el otro se volvía a Buenos Aires).
El libro despliega un archivo inagotable que toma forma en sus Diarios (ordenados por Piglia en sus últimos años de vida), en sus libros de ensayos, en sus novelas y relatos. Se pone en marcha esa “máquina productiva” de la que habla Kohan en la cita. Un cerebro inquieto que está siempre tejiendo redes, armando “generaciones” de autores y buscando una nueva narrativa, moderna, heredera del siglo XX, que encuentre su propio camino. VER EN IG

Comentarios
Publicar un comentario