"RISA NEGRA", SHERWOOD ANDERSON



“Lo que él quería, sobre todo, era salirse de sí mismo, centrar su vida en algo que estuviera fuera de sí mismo.”

 

“Los periódicos son una parte necesaria de la vida moderna. Tejen los hilos sueltos de la vida y forman un diseño con ellos.”

 

“No va a acercarse para romper el hilo del sueño. El sueño es tan verdadero como la realidad. ¿Quién sabe cuál es la diferencia? ¿Quién sabe algo?”

 

Hay una nueva editorial (y se propone, entre otras cosas, como un gesto de resistencia ante la crueldad a la que está sometida el arte en estos tiempos). La editorial se llama Palmeras salvajes por varias razones, pero algunas que podemos reconocer son: un amor muy grande por Faulkner de las fundadoras, Aime y Dana, y por la literatura norteamericana, en general.

 

La editorial traducirá y publicará títulos de autorxs de habla inglesa (angloamericanos y británicos) y el catálogo se inicia con un autor bisagra entre “los padres fundadores” (Twain, Melville, Hawthorne, Thoreau, Whitman) y los “autores de entreguerras” (Hemingway, Faulkner, Thomas Wolfe y F. S. Fitzgerald). Sherwood Anderson con la novela “Risa negra”, en homenaje a su centenario de publicación en 2025.

Hace unos días se hizo la presentación formal de la editorial y de la novela en la preciosa librería Falena (si no la conocen, vayan urgente).

 

La elección de este título es, en parte, porque concentra temas clave, centrales y que pueden ser leídos también como muy actuales que nos hablan, nos interpelan: género (hombre-mujer), raza (negro-blanco), clase (obreros-ricos).

“Risa negra” es un libro de posguerra (1925) y esto funciona como organizador de la novela. El protagonista, John Stockton, periodista, decide, de pronto, dejar todo: su trabajo, su mujer y su hogar e inicia una “huida-viaje” bajando por el Medio Oeste de Estados Unidos hasta establecerse en Old Harbor, Indiana, en donde adopta una nueva identidad: Bruce Dudley, y se emplea en una fábrica perteneciente a la tercera generación de los ricos del pueblo.

Anderson trata este mito básico de la fuga del hombre de la ciudad, del progreso, de la modernidad como único modo de constituirse en un nuevo hombre estadounidense. Aquí el elemento rector es la mujer. Y en este ejercicio de “armar” una identidad de cero aparecen preguntas muy primarias (tanto en el protagonista como en el resto de los personajes): quién soy yo, cómo se estructura el pensamiento y los comportamientos de los hombres versus el de las mujeres.

Además, aparece el periodismo como profesionalización moderna del trabajo y como “maquinaria de invención” de “verdades” o como un modo de moldearla para manejar voluntades colectivamente. Cuál es el valor de verdad en un país industrializado que se empieza a percibir como proyecto imperial hacia el mundo?.

Hay marcas en toda la novela sobre la pérdida de una vida en contacto con la naturaleza y el reemplazo por oficios automatizados (la fábrica), la industrialización y el sueño de un progreso que no tiene vuelta atrás.

La narración  de “Risa negra” tiene un estilo ligero, coloquial, liberado de las marcas usadas anteriormente. Anderson es un inventor de la “forma” aquí y en el resto de su obra como en “Winesburg, Ohio”, sus relatos editados por eterna  donde también podemos encontrar ese estilo más “flotante”, menos fijado.

Un tema  que atraviesa la novela es la mirada del protagonista y del resto de los personajes blancos hacia los negros que provienen de las plantaciones, las sirvientas en la casa del dueño del pueblo. Por un lado, una mirada de degradación, de tratamiento de los negros como “infantiles/inocentes”, sin demasiada reflexión sobre su vida y sus actos pero que en realidad saber “leer” mejor que nadie lo qué sucede a su alrededor. Por otro, cierta envidia de la posibilidad de reír, bailar, de ser los dueños de la gestualidad y la fluidez de sus cuerpos ante la propia rigidez del blanco.

A un siglo de la publicación de “Risa negra” los planteos y preguntas que se hace la novela son tan vigentes que pasman. La aceleración sin pausa, la tecnologización en todos los ámbitos de la vida y, muchas veces, esas ganas de dejar todo atrás y empezar de nuevo, de cero, y convertirnos en una especie de Bruce Dudley.

“¿Acaso esta maldita civilización nuestra va a seguir adelante así, sin más, sin que nadie le aseste una buena bofetada?”  VER EN IG 


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