RESEÑA "SIGO SIN SABER DE TI", PETER ORNER
De sus notas al pie de página:
“John McGhee es el mejor editor de Estados Unidos. Todas las rarezas y errores son absolutamente míos.” (p.175)
“No viene a cuento pero me dijeron que mi carrera despegaría cuando escriba un ensayo que se vuelva viral. De repente, me gustan las notas al pie.” (p105)
Sobre un texto de Chejov:
“La mayoría de nosotros somos esa miserable maestra rural. Y si nos dieran la oportunidad de escapar, no la tomaríamos. Imaginen lo calamitoso que sería que nuestros sueños se vuelvan realidad” (P180)
Soy fan de Orner. Eso empezó con “¿Hay alguien ahí?”, editado también por Chai en 2021. Un libro que reunía la historia de un duelo personal, la tristeza y el desgano con la guía de lecturas que acompañaron ese período triste (de esas lecturas me hice una lista bastante extensa).
“Sigo sin saber de ti” también hilvana pequeños momentos, recuerdos de la infancia y de juventud del autor con lecturas que lo impactaron de diversas maneras. Pero acá se agrega algo más que es la “marginalia”: las notas al pie donde se ríe de sí mismo, de su torpeza con el mundo digitalizado y su modo “analógico” de vida, y las reflexiones sobre textos de autorxs que funcionan como especie de notas al margen (como explicita el título en inglés). También hay guiños permanentes al lectorx sobre ciertas emociones y sensaciones más universales.
El índice del libro está organizado según los momentos de un día: Amanecer, Media Mañana, Mediodia y así hasta la noche. Cada capítulo está conformado por viñetas cortas (algunas no tanto) en las que aparece la referencia a una frase, página de un libro o vivencia de unx autorx y Orner lo desgrana, nos trae su subrayado con resaltador, sus notas, impresiones y conexiones con otras miles de lecturas.
Estos textos se anudan con su infancia, sus primeras lecturas, sus amores de adolescencia y juventud, la universidad, su origen judío y los rituales, la familia reunida en mesas infinitas de risas y discusiones, y también los desencuentros y la tristeza por los que ya no están (Orner remarca, cada tanto, “están muertos, todos ellos están muertos”).
De este libro surgió una nueva lista para mis futuras lecturas: Penelope Fitzgerald, Eva Figes, Robert Lowell, Yusef Komunyakaa (lo conocí por @palmerassalvajes), Jean Rhys, volver a Dubus, a Rulfo, a Chejov, a Héctor Viel Temperley (sí, también lo leyó), a Cheever y la lista es interminable.
En estos dos libros, pero en este último más, Orner no teme meterse con sus emociones hasta el fondo, de mostrarse tonto por momentos, medio bajón en otros, vulnerable, miedoso y con mucha nostalgia de su pasado. Emociones que se neutralizan bastante en estos tiempos. Me cae bien la gente así.
Seguiré leyendo a Orner, el hombre que sabe leer a sus maestrxs literarixs mientras se toma un café y observa cómo sus hijxs dan vueltas a su alredor. VER EN IG

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