"UN PIANO EN BAHÍA DESOLACIÓN", LIBERTAD DEMITRÓPULOS
“Diariamente me preguntaba cuál era el pecado cometido para merecer este castigo. Hasta que fui viendo claro: había nacido mujer.”
Hace un tiempo conocí, muy tarde, a Demitrópulos con “Río de las congojas” y me dejó temblando. La contundencia de su escritura, el trabajo con el lenguaje, la potencia que lo narrado. Una escritora corrida de eje para el tiempo en el que vivió. Siempre estuvo varios pasos adelante.
“Un piano en bahía desolación” es, claramente, una novela queer (no por nada estuvo incluida en el sector “Orgullo y Prejuicio” en la FIL). Y, además, hay un gesto muy feminista y de vanguardia, para una mujer en los 90 (la novela se publica en el 94), y es que desmonta todo binarismo, trata varios temas de identidad sexual y la explotación de mujeres, en una novela que transcurre en 1888, en el rincón más frío y desprotegido entre Chile y Argentina, entre un grupo de gente que es escoria para el resto del mundo.
Las voces narradoras se van intercalando para contar orígenes abandonados en el Viejo Mundo, marinos y loberos perdidos entre la nostalgia y el alcohol, mujeres que vienen engañadas bajo la promesa de una nueva vida junto a un hombre bueno, pero al llegar a Punta Arenas son vendidas y entregadas a los hombres más violentos y nefastos.
El binarismo más transversal en la novela es el de “civilización vs barbarie” que aparece representado, por supuesto, en las políticas implementadas por el gobierno para la construcción de una nación cuyos pilares son la expansión en el territorio y establecer un modelo agroexportador que se consolidaría en el siglo siguiente. Demitrópulos nos deja ver la distancia e incomunicación que existe entre Buenos Aires y estos poblados ínfimos, cómo la información llega tergiversada y la línea ideológica de los diarios.
Pero hay otros binarismos que se van deslizando de manera más dosificada, sutil. El bar de encuentro, “El Hermafrodita” (nadie sabe qué significa), cuyo dueño es gay, define una política de prohibición de acoso y explotación de las mujeres. Más tarde, ese bar será reemplazado por “El Macho”.
Entre los personajes que circulan por la novela, Eulalia es monja de día y prostituta de noche, y disfruta de su sexualidad con los marineros que recalan en el pueblo.
Hay otro binarismo que Demitrópulos plantea, y que me interesó mucho, y es el que tiene que ver con la voluntad del gobierno de normalizar, registrar y unificar el idioma, sobre todo entre las múltiples comunidades que conviven (yaganes, onas, alacaluf, etc) y, por el contrario, en Isidoro Prutt, un marino que se establece en Bahía Desolación, con el fin de olvidar un amor “inconveniente”, repudiable para la época, se funda la intención de disolver el idioma español entre la musicalidad de las lenguas de las comunidades (se comunican también con silbidos) y el lenguaje de la naturaleza.
“Aquí descubro que el sustrato de América pertenece a la vida, a lo inconsciente y vegetal.”
“Lo he anotado en una especie de registro que llevo y que espero quemarlo pronto, cuando pueda sentirme verdaderamente libre y olvide que alguna vez supe leer y escribir.”
“Un piano en Bahia Desolación” desmonta la heteronorma con el gesto de poblar su novela de mujeres violentadas, amores gay inconfesados y travestis en el contexto de la estandarización y normatividad más férrea impuesta por el gobierno. “Trotapampas” que se embarcan para escapar u olvidar sus pasados y marinos loberos que se anclan en la tierra para ser tragados por el desierto.
“Ya no hay sitio para el comienzo, la acción o el desenlace. Nadie supone el pasado o el presente. Todos han entrado en el futuro.” VER EN IG

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