RESEÑA "UN VERDOR TERRIBLE", BENJAMÍN LABATUT




“Nadie tiene tiempos para la eternidad.”

“No me tomen tan en serio. Yo muestro un mundo que no es aquel en el que ustedes piensan cuando me utilizan.” (Robert Oppenheimer)

“…parecía haberse sacado ambos ojos para poder ver más lejos.” (Einstein sobre Heisenberg)

“En sus charlas regalaba manzanas e higos cultivados en su jardín y advertía sobre el poder destructivo de las ciencias.” (el matemático Grothendieck)

Compré este libro casi a ciegas, sin leer hasta el final la contratapa. Dos o tres líneas que hablaban sobre ciencias fueron suficientes. Es un tema que me encanta y al que vuelvo recurrentemente. No había leído a Labatut pero tenía una referencia justamente por este libro.

Bueno, si la ciencia les gusta, este libro es fascinante. Está estructurado en cuatro largos capítulos que se adentran en los descubrimientos más fortuitos y más pensados y complejos de la historia de la Humanidad (algunos sin resolución hasta el día de hoy) y que crearon nuevas tecnologías que, a su vez, determinaron modalidades de la “modernidad” como:
-la maquinaria de la guerra del siglo XX para acá (gas sarín, mostaza y armas nucleares)
-la creación de la productividad alimentaria a gran escala, encapsulando nitrógeno para crear fertilizantes (en solo dos siglos pasamos de 1 mil millones a 8 mil millones de habitantes…imaginen)
-los primeros esbozos sobre la mecánica cuántica

El descubrimiento del color “Azul de Prusia” que cambió para siempre los cielos de los cuadros, después del Renacimiento, resultó bastante venenoso y tóxico, y después los nazis lo usaron como cianuro en la segunda Guerra.

Por este libro desfilan científicos del nivel de Marie Curie, Max Planck, Einstein, Heisenberg, Grothendieck, Alan Turing, entre otros, que se quemaron las neuronas y, en muchos casos, sus emociones y sus vidas por esta pulsión loca que nos los deja dormir, comer ni vivir conectados a otros seres.

Son ascetas, ermitaños, encerrados por meses en lugares mínimos, sin percibir que afuera hay un mundo que se modifica a causa de ellos.

Algunos llegaron a entender y medir los alcances de sus descubrimientos, de los beneficios y de los horrores a escala planetaria. Algunos, arrepentidos de lo que habían contribuido a producir, soltaron todo y se perdieron por ahí. Algunos persistieron y se perdieron también, pero en disputas por medallas y reconocimientos. VER EN IG 


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