RESEÑA "VISTA DESDE UNA ACERA", FERNANDO MOLANO VARGAS



“Podría llegar a oídos de algún psicólogo o teólogo, y ninguno de ellos perderá la oportunidad para ponerle un nombre y darle una entrada en su “patologario”. Ya sé que nunca dejarán jamás en paz a mi cuerpo, cada placer suyo lo nombrarán para perseguirlo y anularlo. Para mantenerme dócil.“

En la nota de los editores me entero de que esta novela es el resultado de una beca que ganó el autor en 1995. Dos años después, poco tiempo antes de morir por complicaciones derivadas del sida, entrega el manuscrito que luego se consideró perdido mucho tiempo. Recién en 2004 se encuentra este manuscrito y queda nuevamente archivado hasta 2012, cuando una amiga de Molano Vargas lo rescata y se ocupa de que salga a la luz.

La estructura de la novela se planta en un presente a fines de los 80 en Bogotá y, desde allí, hace saltos hacia el pasado, cuando los protagonistas, Fernando (el autor y narrador) y Adrián, son niños.
En 1988 Fernando y Adrián comparten una vida amorosa y a la vez sacrificada, desesperada, debido al estado de salud de Adrián, quien viene luchando desde hace un tiempo contra los síntomas del sida. Cada día más débil, consumido y con internaciones permanentes.

Molano Vargas narra la niñez de ambos, en ciudades alejadas de la capital, dentro de familias muy pobres, perdidos entre siete u ocho hermanos, con el hambre quemándoles el cuerpo y haciendo esfuerzos inmensos para sostener una escolaridad. Padres machistas, violentos, encargados de acallar cualquier manifestación “feminizada” o vergonzante a la mirada de los vecinos. Y una sexualidad forzada desde muy niños, en la más absoluta soledad y silencio.

En este contexto deshumanizado, Fernando y Adrián se abren camino a fuerza de trabajos informales, de insistencia para ingresar a la universidad y de armar proyectos propios, al margen de sus familias.

La novela retrata la precariedad del sistema de Salud, la nula medicación para el tratamiento del sida en esos años, y la mirada asqueada de los otros antes estos novios.

Fernando corre una carrera contra el tiempo y lo hace de una manera desesperada (por aliviar a Adrián) y amorosa (en los cuidados y a través de la literatura que comparten).

Entre referencias a lecturas de Borges, Thomas Mann y varios filósofos, Fernando y Adrián esbozan un tratado sobre qué significa la poesía y anotan:
“qué es la poesía, sólo caben dos cosas: la prudencia o el silencio. Pero si parados en otra acera nos preguntáramos si la poesía es realmente un enigma…tal vez ella pertenezca más al ámbito de lo inefable.” (p.254)

De esta frase se dispara el título de la novela, la posibilidad de construir una mirada diferente a lo establecido, la posibilidad de cruzar y ver todo desde otra perspectiva. Solamente con una vista amplia, desprejuiciada y rodeada de poesía se puede enfrentar un mundo amargo y desamorado como este.  
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