RESEÑA “YOGA”, EMMANUEL CARRÈRE
“El yoga tiende a la unidad, soy yo el que está demasiado escindido para alcanzarla” (p.285)
“Desafié a los dioses: hibris. Aspirando a la unidad, pacté con la división. Tengo una convicción, una sola, en relación a la literatura, al género que yo practico en la literatura: es el lugar donde no se miente” (p.157)
Carrère es un escritor consagrado, bastante ególatra (dicho por él mismo) y también atribulado, depresivo, bipolar.
Muchas de sus novelas son autobiográficas o se cuela como personaje o interlocutor, pero está ahí presente (como en “Una novela rusa”, “De vidas ajenas” o “Limónov”, por ejemplo).
“Yoga” funciona como un diario, aunque no tenga formalmente entradas fechadas, pero sí hay subtítulos que van ordenando la cadena de pensamientos y de vivencias (como una libreta de notas).
Por otro lado, el libro está estructurado en cinco grandes capítulos que, si uno se para en el índice, no ve mucha conexión pero, después, el hilo de la escritura va cosiendo toda la trama.
📿Carrère cuenta que en 2015 asiste, por diez días, a un retiro para la práctica de la meditación, en las afueras de París, que simula un ashram de la India. Esos días son de exclusiva meditación, por horas, sin hablarse entre lxs asistentes, sin siquiera mirarse a los ojos. Poca comida y un espacio pequeño para dormir, sin ningún estímulo del exterior. Carrère hace más de veinte años que practica meditación y taichí porque es un modo de tener apaciguados los demonios internos.
Pero este recurso se vuelve insuficiente. En 2016 vive un episodio depresivo severo que lo lleva a estar internado por cuatro meses en una clínica muy VIP de París. Empastado y con terapias de electroshock, el autor empieza a entender que el camino de salida es el yoga y la meditación, sí, pero también el litio.
A partir de su externación llegan nuevas experiencias, en Grecia, junto a un grupo de adolescentes refugiados y una solitaria profesora de literatura.
Y no puede faltar el Carrère “cronista” que dedica un capítulo a relatar, desde la experiencia personal, lo que vivieron con el atentado yihadista a la sede de “Charlie Hebdo”.
El “espacio instersticial” del título es como Carrère y una amiga denominan a esos espacios “muertos” (como la espera en una sala de embarque) en los que, aparentemente, no hay nada que hacer. En esos espacios Carrère logra frenar su máquina mental, puede inspirar y espirar, y hacer esos mínimos movimientos propios del taichí desde donde brota toda su escritura.
“Yoga” se trata de realizar distintas prácticas: yoga, meditación, taichí, pero además la de la escritura que, en definitiva, para Carrère, es sinónimo de estar vivo. VER EN IG

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