"YONQUI" Y "QUEER", WILLIAM BURROUGHS
Esta reseña es doble y una, a la vez. Porque las novelas “Yonqui” (1953) y “Queer”(escrita en paralelo pero publicada en 1985) de William Burroughs están completamente emparentadas, se conectan de una manera simbiótica. La edición de Anagrama Compendium que incluye, además, “El almuerzo desnudo” (“Naked lunch”, llevada al cine por Cronenberg en 1991), enmarca “Queer” con un estudio previo del editor Oliver Harris a la edición por el 25 aniversario de su publicación definitiva en 1985.
El prólogo de “Yonqui” lo escribió su amigo y poeta beatnik, Allen Ginsberg, quien fue el primer motor para la publicación de la novela y culpable del ingreso de Burroughs en el “mundo literario”.
Bill Lee (especie de alter ego de Burroughs) es el protagonista de ambas novelas pero los registros de este personaje entre una y otra cambia en los modos de narrar, en su actitud y, la diferencia central, según el propio Burroughs, entre ambos libros es cómo circula el deseo sexual: “en “Yonqui” Lee da la sensación de estar seguro de sí mismo y de sus objetivos. En “Queer” es desequilibrado, urgentemente necesitado de contacto.” Y define esta diferencia radical porque en la primera Lee está drogado casi todo el tiempo y sus efectos obturan su deseo sexual y anula las emociones casi a cero, se vuelve maquinal, autómata. En cambio, en “Queer” los períodos de abstinencia suponen el regreso urgente del deseo sexual y, sobre todo, el deseo construido únicamente por la mirada de otro. El deseo se activa al ser mirado. Y esa es la tortura y la desesperación. La transposición de la adicción en una es la droga y en la otra el deseo.
Burroughs declaró en varios momentos que la escritura de “Queer” (y la escritura en general) está motivada por un evento real que jamás se menciona en la novela y que es la muerte de la mujer de Burroughs, Joan, por un disparo accidental que le da él en una suerte de jurgo-apuesta a la Guillermo Thell (manzana en la cabeza, disparo, chau). Ese dolor inmenso se enconde en “Queer” y ahí aparece el Lee fragmentado, errático, desesperado, desplegando el deseo homosexual como aparece en “Yonqui” pero en clave de rechazo.
Lee declara en la primera línea en “Yonqui” que probó las drogas por primera vez en la guerra. A partir de eso, la novela es un derrotero eterno por los barrios, bares y clubes más sórdidos de Nueva York donde irá a buscar la próxima dosis que le haga sentir algo, por unas horas. Los ciclos de drogarse con cualquier cosa y la abstinencia, sumando a escasos intentos por “limpiarse”, se hacen cada vez más cortos y más profundos. Ese asesinato en la vida real de Burroughs que está elidida en “Queer” aparece en “Yonqui” y Lee debe exiliarse a México.
“Queer” es una novela que quedó inconclusa y que fue desmembrada por el propio Burroughs para “completar” “Yonqui” ante los pedidos de ajustes de su editor. Todos los añadidos que tuvo que hacerle el autor a “Queer” fueron provocados por estos “robos” previos. “Queer” es, por eso, fragmentaria, comienza “in media res”, sin contexto, y tiene “parches” hacia el final que narran una búsqueda de experimentación con la ayahuasca en Ecuador que, a su vez, se traduce en una experimentación con la escritura (ese carácter de provisorio, de lo que falta, de la falla inocultable).
Lee es un fugitivo en ambas novelas. En “Yonqui” la huida doble: de la ley y de sí mismo, de ese vacío existencial irreparable. En “Queer” Lee intenta huir de la soledad, del rechazo de su amante y del reconocimiento de su propia homosexualidad con cierto asco; huir del deseo como algo que siempre aparece como falta y vacío pero también como motor ineludible.
El director italiano, Luca Guadagnino, llevó al cine “Queer” y se estrenará acá en poco tiempo. Daniel Craig es Lee y el tráiler promete una película bella y triste como solo Guadagnino sabe.
Este director filmó “Call me by your name”, “Challengers”, “Bones and all”, “Suspiria” y una de mis series favoritas “We are who we are”. Vayan, busquen, vean y lean. VER EN IG

Comentarios
Publicar un comentario