"CÓMO PRONUNCIAR CUCHILLO", SOUVANKHAM THAMMAVONGSA
Leí a esta autora gracias al taller, creado por la cuenta Inspiradas, que se llama “Tres escritoras canadienses”, con la sutileza de que las tres autoras son migrantes de distintos lugares de Asia. Durante la lectura de estos relatos recordé “Ru” una especie de diario-memorias de la escritora vietnamita, Kim Thúy, de su experiencia de migración desde Vietnam, en la época de la guerra, hasta llegar a Canadá. Dos historias de vida que se cruzan en varios puntos y son muy disimiles a la vez.
En ese taller me enteré de que, a principios de los ‘80, llegaron muchas familias de Laosianos a Posadas, Argentina, huyendo de la guerra de Vietnam y buscando un clima similar al de su país de origen. Se calcula que llegaron unas dos mil personas.
Los catorce relatos que integran este libro (uno de ellos da nombre al libro) recorren los grandes temas que atraviesan las personas migrantes que parten de sus lugares de origen en situaciones violentas, de guerras, de campos de refugiados (la autora nació en uno de ellos en Tailandia) y en estados de emergencia y desesperación extremas.
El gran problema del que se desprenden todos los otros es el del durísimo proceso de asimilación al país de destino. A diferencia del libro de Kim Thúy, la mayor parte de los cuentos están narrados desde la perspectiva de las infancias de las familias que migran. Y, justamente, a ellxs les toca el rol de mediadores entre sus madres y padres y la nueva cultura. Sortean más rápido la primera barrera, que es la del idioma a través de la escolarización, y son lxs encargados de traducir ese mundo nuevo y tan ajeno para los adultos (así lo cuenta Ocean Vuong en “En la tierra somos fugazmente brillantes” donde el niño es el traductor de Estados Unidos para su madre y abuela analfabetas). Y, a la vez, son lxs que tienen esa herramienta para ocultar, en la traducción, frases machistas por lo que no tuvieron ninguna oportunidad de educarse: “En su país, ella nunca había estudiado. Una familia tenía que tener dinero para eso, e incluso, era para los varones.” “Era campesina, tu no conoces esa vida.”
Pero las madres tienen otro tipo de educación que es en la resistencia ante cualquier situación: “Que no haya ido a la escuela no quiere decir que no sepa nada. Pensé en lo que sabia mi madre entonces. Sabía de la guerra, de cómo se sentía que te dispararan en la oscuridad, como era ver la muerte entre tus brazos. Éramos personas diferentes y lo entendimos en ese momento.” (“El margen del mundo”)Gran hallazgo la escritura de Souvankham Thammavongsa (o “Sou” como es llamada en Canadá) que narra este proceso de aculturación con relatos ágiles, conmovedores y con la mirada puesta desde las infancias, esa que ella vivió cuando emigro de Tailandia a Canadá hace más de cuarenta años.
“Reían toda la noche y negaban con la cabeza, incrédulos al ver en que se habían convertido en este nuevo país.” VER EN IG

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